Libros dispares, y “un jaleo”.

Anda una a vueltas con algunos libros dispares, de estas cosas que ha dejado de leer y ha vuelto a ellas y además ha empezado otras. O sea, es decir, por tanto, por consiguiente, un jaleo.

No, verán, les aclaro enseguida.

Sucede que hace mes y medio mas o menos, empecé a leer a Cesar Antonio Molina, su libro Donde la eternidad envejece, y lo dejé al cabo de diez días; es un libro de mas de seiscientas páginas y si me dedicaba sólo a él, no leía nada en un mes; y eso no me apetece. Pero el libro merece la pena. No es libro para leer en exclusiva, sino para ir leyendo a ratos, porque es denso, con un elaboradísimo estilo casi barroco, y sinceramente con una cultura que se trasluce a cada párrafo. A mí me parece el libro de un escritor de corte humanista; en el que entran reflexiones, descripciones, sucesos, viajes, ciudades, personas interesantes…pero leerlo de una tacada puede producir un agobio que para qué.

Bueno, pues en medio llegaron muchos otros libros, que fui terminando, y hace unos días lo volví a coger. Pero entonces me fui a la sierra.

En la sierra empecé justo un día antes de venirme a Madrid, un libro de estos que se quedan como descolgados en los planes de lectura, Tierra, Tierra, de Sandor Marai. Un libro que es autobiográfico y que a mí me interesa porque relata la vida en Hungría durante los inicios de la dominación rusa. Y lo empecé con mucho interés, pero…llegó el pero. Sucede que no cuenta “otra cosa” salvo lo malos que son los rusos. Y las primeras setenta páginas interesan, pero cuando se llevan ciento cincuenta y seguimos a vueltas con lo malos que son los rusos dan ciertas ganas de aullar. Porque me gustaría saber “qué pasaba además de que los rusos eran muy malos”, creo que me explico…

Y el resultado es que me he atrancado y he parado de leer.

Y en esas me ha llegado un libro de la editorial Pepitas de Calabaza, que estoy leyendo y que es divertidísimo, pero que no voy a contar aquí sino en el mensual de la Revista esa que ustedes y yo queremos tanto.

Es decir, que estoy, como les decía al principio, a vueltas entre libros dispares y sin terminar ninguno. Y por eso la frasecita tan vulgar: “O sea, un jaleo.”

Ya les contaré…

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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2 respuestas a Libros dispares, y “un jaleo”.

  1. Pero jaleos entretenidos y con mucho jugo.

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  2. catherine dijo:

    Pues, a esperar la salida de esta revista que dices.

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