Marguerite Yourcenar. ” Recordatorios”. La chispa prendida.

Terminé ayer noche, aprovechando que no estaba más que para sofá y calditos, el libro Recordatorios, de Marguerite Yourcenar.

Este es un libro que, cuando tenía 17 años o así, ya circulaba por mi casa, que empecé y del que no me enteré de nada, y lo dejé. Naturalmente no es culpa de Yourcenar, sino de mi juventud. Hay libros que es necesario leer sólo cuando se tiene el suficiente bagaje cultural como para entender referencias de este estilo, y aunque yo había ya leído mucho, me faltaba por así decir una visión global de historia, cultura, escritores, movimientos artísticos, etc.

Pero por esas cosas de la vida no volví a leer a Yourcenar; imagino que cuando de joven se topa de frente una con un libro y no le interesa luego es difícil reanudar ese chispa.

Así me pasó con Memorias de Adriano, que un familiar mío, culto y con muchísimas lecturas a sus espaldas, pretendió que leyera a los veinte años: lo consiguió por el respeto que yo tenía a sus consejos intelectuales. Me agradó un poco más, comenté con él el libro, le expuse mis críticas, y, teniendo en cuenta que a él le había gustado muchísimo, trató con benevolencia mis reparos.

Sin embargo, Yourcenar permaneció sin más lecturas.

Hasta que hace pocos meses Alfaguara sacó bajo un titulo global sus tres tomos de memorias. Y entonces, sin saber la razón, renació aquella chispa que a veces prende si una siente que ha podido cometer una injusticia lectora.

Y Recordatorios me ha gustado muchísimo.

Naturalmente, los Recordatorios de Yourcenar son no solo la biografía de su familia; me atrevería a decir que eso es el marco bajo el que se asienta la historia del crepúsculo de Europa, y de una forma de entender la vida. Usa a su familia, en el buen sentido de la frase, para trasladar una manera de ser; la de la burguesía media del norte Europeo, concretamente la alemana y belga, con ramificaciones naturalmente a países del entorno. Y las historias que cuenta son como a modo de aquellos “exemplum” medievales; el balneario, la vida de provincias, la condición de la mujer, los casamientos convenientes, la ocultación de la homosexualidad o la diferencia, lo correcto externo…todo eso, que nos puede resultar anacrónico, conformó unas “maneras”; formas de vivir que socavaron, en general para bien, pero en según qué casos arrasando con otros modos muy necesarios, la industrialización, la técnica, el desarrollo de las ciudades, el ascenso de las reivindicaciones obreras, y, desde luego las dos guerras mundiales que no sólo socavaron sino que pusieron literalmente el mundo en ruinas.

Todo esto, a su manera, dejándonos ver a las mujeres de su familia, contándonos la historia de su tio-abuelo homosexual y suicida, de su otro tío abuelo con pujos de escritor mediocre reconocido sólo  a niveles locales, de su propia madre, señora de su “señor” con atisbos de saber que vivir no era eso, aunque ella se adaptara, es lo que narra la autora.  Con un estilo directo, con una elegante prosa- aquí menciones a la traducción- y con a veces un enorme lirismo poético que atrapa.

No hay que fiarse por tanto cuando empezamos a leer historias antiguas, no hay que pensar que es la vida de su familia, porque ella, su familia, vivió y murió en Europa, asistió a una cierta grandeza, y la vio acabar entre bombas al archiduque y los campos de Auschwitz.  Y esa Europa finisecular, en la que entra Luis de Baviera, pequeños burgueses, banqueros, obreros que aún parecen chusma a los bien pensantes, es la que nos cuentan en Recordatorios.

Me alegra que la chispa haya vuelto a prender: he ganado una escritora.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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