El buen periodista.

Me gustaría escribir sobre el buen periodista. Ese que yo hubiera querido ser cuando soñaba de pequeña en poder estudiar la carrera.

Ese que cuando estaba en la cama con botellas de oxígeno y suero tenía en mente pensando que un día yo sería así.

Ese que contaría las noticias a la gente, que respetaría lo que dijera la gente y lo trasladaría, ese que llegaría a los lugares donde se produce la información para explicarla a gentes que, como yo, dependía de ellos para saber qué ocurre en el mundo.

Es que no lo encuentro.

Crecí con un sueño que me hizo ser quien soy y superar todas las dificultades del mundo. Gracias al apoyo de mis padres cuando iba al colegio sobre todo y luego de mi madre que se empecinó tanto como yo en que hiciera Periodismo. Y aún recuerdo el 19 de octubre de 1981, día en que empecé en la Facultad.

Y ahora, cuando leo, cuando escucho, cuando veo lo que dicen, lo que quieren que me crea, lo que quieren que piense que es noticia, siento como si traicionaran a aquella persona que fui.

Por eso me gustaría escribir sobre el buen periodista. Porque yo quería ser como él, y hoy no sé dónde está.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a El buen periodista.

  1. Miguel Mora dijo:

    Yo también pienso muchas veces en la deriva que ha hecho buena parte del periodismo, buena parte de los periodistas. Situados en una sociedad que escucha o lee a profesionales blandos cuando no poco honrados. Víctimas, además de la concentración impuesta por las Agencias periodísticas, en manos de los poderes económicos. Dificultando el trabajar al margen, la independencia, al fin y al cabo. Supongo que también víctimas en su formación en Facultades que – como las demás Facultades Universitarias – se orientan al rumbo que mandan los Planes Bolonia ( como esquema ). Universidades tecnificadas, cada vez menos humanísticas, al Servicio de las necesidades de la industria, de los mercados. Universidades en cuyo funcionamiento se repiten comportamientos de Gestión que facilitan – decir obligan me parece muy fuerte – a sus profesores a hacer carrera trepando caiga quien caiga, con ejercicios curriculares dudosos, con docilidad.
    Me imagino a muchos estudiantes de Periodismo orientados a la información deportiva que es la que ofrece puestos de trabajo y fama rápida. Compruebo al mismo tiempo como profesionales – incluso dedicados a este tipo de información – ganan en agresividad. Se ha trasladado a algunas tertulias deportivas el espíritu de las tertulias de basureo que tanto éxito tienen en nuestra televisión: gritos, levantarse indignados etc. Interesa que la sociedad sea así, al fin y al cabo la competencia, la dureza hacía el otro, el pisar al “contrincante” ( siempre el que piensa distinto como enemigo ) es el espíritu que está detrás del sistema ( capitalista).
    La defensa del propio medio o grupo de información impone una especie de censura previa – incorporada a los profesionales que quieran mantener sus puestos – que hace que, por ejemplo, en la SER ( casi la única radio al margen de algunas especializadas en música que escucho) no se haya hablado para nada del ERE del “El País”. Y además , los mecanismos de funcionamiento de esta sociedad – y la información no iba a ser excepción – nos tienden continuas trampas a los ciudadanos y así tendremos que agradecer que los líderes ( qué poco me gusta esta palabra) de opinión que nos satisfacen y a su vez conforman nuestra opinión también, hayan permanecido callados en su mayoría. De lo contrario perderían su puesto y nosotros nos veríamos empobrecidos.

    De cualquier manera sigue habiendo periodistas magníficos que se juegan la vida en medio de los numerosos conflictos mundiales para que , a pesar de todo, nos enteremos de algo. Y el periodismo se ha convertido en una de las profesiones más arriesgadas. El número de ellos que son asesinados cada año así lo demuestra.

    En la Ser, esta misma mañana, se hablaba de los riesgos que asumen muchos periodistas por el comportamiento del gobierno de Israel en Gaza. Aquí es directamente el Gobierno el que ejerce sin intermediación la función no de censura sino represiva.

    En el ámbito más próximo de los ayuntamientos, diputaciones etc. todos conocemos casos también de los problemas que tienen periodistas locales que denuncian episodios de corrupción. Felicitemos– y felicitémonos nosotros también de que así sea – a los que resisten.

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