Libros en préstamo. Cartas de Vicenta Lorca a su hijo.

Ayer estuve en la biblioteca de mi barrio, la de la calle Azcona, y me traje varios libros prestados. Son libros de autores que, por una razón u otra no me interesa comprar directamente; o bien son antiguos y sólo quiero leerlos o bien no termino de estar segura de si me van a gustar.

Cogí tres, las cartas de Vicenta Lorca a Federico, los poemas de Séferis y un libro de Andrea Camilleri.

El primero es muy breve y lo terminé en dos horas por la noche, y hoy he empezado el segundo, la introducción, así que de los poemas aún no puedo decir nada. Le cogí porque ha salido una edición actual de su poesía y no estoy segura de querer adquirirla. A Camilleri me apetece leerle pero sé que no es el estilo de escritura que me compro habitualmente.

Lo de la madre de Lorca me conmovió. Naturalmente que no es literatura, ni está escrito para eso. Son las interioridades de una mujer que cree en Federico y en su valía. Y eso es lo que conmueve; algunas frases que le dice sobrecogen: “ dices tantas cosas en verso que tu libro se debe leer despacio”; “supongo que no descuidarás la publicación de tus libros , que ya está un poco pasada, y te estás perjudicando con no haberlo hecho ya”; “ estoy casi segura de ver realizadas todas mis ilusiones con vosotros dos”…” nuestro deseo es veros hechos hombres capaces de desenvolverse bien por sí solos”…” que tengas mucho cuidado…que no trasnoches demasiado y cuides de tu salud”…

 

Tres años después de esta última frase a Federico lo asesinarían en Granada…

 

Creo que el libro es cuando menos eso, un testimonio conmovedor de la ingenuidad de alguien que no podía ni imaginar lo que el destino le tenía preparado a quien recomienda se cuide.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
Esta entrada fue publicada en Literarismos. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Libros en préstamo. Cartas de Vicenta Lorca a su hijo.

  1. Cuando indago en mi pasión por los libros, antes que nada aparece la imagen de la biblioteca de Segovia. Cuando intuí, como un esbozo lejano, que en los libros estaba algo esencial para mí fui a la biblioteca y con apenas doce o trece años me hice socio. No me podía gastar dinero en libros (mayormente porque no lo tenía) y allí descubrí, por ejemplo, la primera serie de los Episodios Nacionales…
    Hablo así, pero que nadie se equivoque. Eran decisiones casi irracionales, puras cosas que hacía sin plantearme nada más. Y muchas veces, ni siquiera me iba a casa con el libro. Más de una tarde me quedaba allí, en su vieja sala de lecturas, leyendo tranquilamente, pasando parte de la tarde…

    Me gusta

Los comentarios están cerrados.