“Lazos de Sangre” de Lola López Mondéjar. Deshaciendo equívocos.

En noviembre del año pasado asistí a la presentación en Madrid del libro de Lola López Mondéjar, Lazos de sangre, editado por Páginas de Espuma.

En aquella presentación, de la que creo recordar ya hablé, se comentaron diversos aspectos del libro, se leyó un relato y se charló sobre literatura y su forma de acercarse al proceso narrativo.

Viene esto a cuento porque ahora he leído el libro- las cosas van despacio, lo sé-, y antes de entrar en la crítica quiero comentar algo que se dijo, y con todos los respetos del mundo a la crítica oficial, discutirlo.

Allí se dijo por parte de Lola con cierto deje de perplejidad que muchos críticos habían calificado sus cuentos de “duros”, de ser muy crueles, vaya.

Una se ha quedado perpleja leyendo esta colección de relatos por esa crítica. Sinceramente.

Los relatos de Lola están todos marcados por un denominador común : los lazos de consanguinidad de sus protagonistas; en el curso de esa relación el lector asiste a diversas situaciones que existen en el mundo real-salvo un relato, magnífico por cierto, el huerto, que es una metáfora simbólica- a niveles afectivos. Y se plasman contradicciones, abusos- como en el extraordinario Vicolo D´Orfeo-, soledades, como en El hermano gemelo-, todo ello dentro de esas relaciones o lazos de sangre. Ahora bien, el que se narre este mundo no quiere decir que se relate con dureza.

La prosa de Lola López Mondéjar es muy directa, va al grano desde su inicio, se puede decir que empieza su narración in media res; inserta al lector desde el comienzo en el relato, no hace digresiones, y avanza en las historias hacia su conclusión con una precisión de relojero. Y posee, latiendo en todos ellos una enorme ternura, por ejemplo en la conclusión de Una desolación, por ejemplo en la forma de configurar los personajes, Terje en el hermano gemelo, Renzo en el que cité antes, Vicolo D´Orfeo, son personajes humanísimos, llenos de sensibilidad, de ternura, de humanidad. También hay ternura en los adioses, como en la segunda parte del libro de relatos muy breves; el cuento No te perdono es un modelo de ternura por parte del personaje masculino, de comprensión al otro, de aceptación.

Si a esto se añade que la autora usa el lenguaje para contar, es decir, no para adornarse sino para llegar exactamente con lo que quiere decir al lector, hay que concluir que el libro es magnífico- y sus relatos en absoluto duros, aunque narren situaciones que pueden serlo-.

Léanlo.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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