Nadiezhda Mandelstam y el agobio lector.

Ando leyendo, empecé ayer, las memorias de Nadiezhda Mandelstam, contra toda esperanza. Es un libro de seiscientas páginas que, naturalmente, alternaré con otros, porque me va a llevar tiempo, si es que lo acabo.

Pero sí quería apuntar un par de cosas que me han ido viniendo a la cabeza en las apenas cien páginas que llevo.

La primera que es un libro previsible. Es decir, lo que cuenta la mujer del escritor es la letanía de oprobios, represiones, asesinatos, propio de un estado genocida como fue la URSS mientras duró. Y, al hilo de esto quiero ser sincera; yo no sé si voy a terminar un tocho de tal magnitud en el que en cada página nos llevan a la vida en concreto de este genocidio. Entiendo que pueda resultar muy cruel lo que digo, pero me canso de leer repetidamente lo mismo. Naturalmente que me parece que hay que denunciarlo y que creo que es necesario el testimonio para que “se conozca” la magnitud de aquel régimen de barbarie, otra cosa es que a mí me termine por resultar cansado. Me pasó con archipiélago Gulag, que leí cuando tenía veinte años y a las cien páginas estaba de campos de concentración, uñas arrancadas y etcétera hasta los pelos.

Vamos a ver si no se me malinterpreta; el problema de estos libros es que son testimonios, documentos, fés de vida y muerte, y terminan por parecer una lista interminable de hechos, pero la autora en este caso lo cuenta de forma que a mí aunque el testimonio me sobrecoga, tal y como lo escribe me aburre.

Es la segunda vez que empiezo este libro. La primera no pasé de la página veinte.

Lo siguiente a comentar es una idea que me ronda desde que lo empecé; ¿ por qué se presupone que los acompañantes –por así decir- de los artistas son tan interesantes como ellos?…Ahora hay una verdadera floración de memorias, recuerdos, vidas de, escritas por gentes que eran la mujer, el marido, la novia, la hija de perenganito; a menudo lo que dicen es bastante coñazo , sinceramente; es preferible un biógrafo interesado en el arte- de la disciplina que sea en cada caso- a un familiar que, en muchos casos, el único “mérito” que tiene es ser familiar y estar cerca del artista; la calidad literaria de lo contado a menudo es igual a cero.

No es el caso de esta mujer, que al menos guarda las formas narrativas de modo digno, eso sí, sin llegar a más que a eso, pero igual hubiera sido mucho más interesante para conocer a Mandelstam una biografía de él tomando en cuenta estas memorias y escrita por alguien que no esté implicado.

Me temo que estoy diciendo heterodoxias…

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a Nadiezhda Mandelstam y el agobio lector.

  1. Más que heterodoxias, me parece que son otros puntos de vista. A ver si ahora me explico yo. Me parece que la floración de este tipo de obras escritas por seres próximos al ‘artista’ o ‘figura’ de turno, no pretenden -ni por aproximación- descubrir nada respecto de la obra del autor(a). Al contrario, lo que se busca es esa parte más secreta o desconocida, esa faceta menos artística, lo que eufemisticamente se da en llamar el lado humano, pero, en realidad se suele descender a menudencias domésticas que no sólo no aportan nada a la obra, sino que podrían llegar a enturbiarla.
    ¿Es justo valorar la obra de alguien usando como parte de esa medida lo más cotidiano de su vida?
    Es una duda que dejo ahí, planteada. Personalmente no tengo respuesta.

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