Tirarse a la metáfora.

Cada día me canso más de juicios dogmáticos en esto de la literatura.

A mí me encanta leer. Disfruto los libros que me llevan lejos, que me hacen atrapar otras formas de ver, sean de un género u otro, pero que tienen algo que decir. Algo que decir, que decía la Gaite que era desenredar el hilo en un texto; ella sobre todo se refería a la prosa, pero yo lo hago extensivo a cualquier forma de escritura.

Y últimamente noto en mí cierto cansancio de catálogos, secciones, arrejuntamientos, y puestas en fila. Bien en cuanto a la cosa esta de los géneros literarios, bien al asunto de categorizar la calidad.

Me aburre leer que fulanito era un marxista y por eso no hay que leerle, y que menganito era un fascista y que eso le inhabilita para ser leído; me hace bostezar que lo primero que me dicen de un libro es si es poesía, prosa poética, novela, cuento, relato, micro relato, aforismo o lo que sea.

Me duerme asistir a la floración- y el floripondio- de capillitas; todos unidos hasta la victoria final y con las puertas cerradas para que no entre el aire.

Me rechina la confusión entre la calidad y la cantidad, entre valor y precio, entre bastardos de la literatura aupados al superventas y escritores en silencio. Me da grima que lo extravagante o lo nuevo tenga que ser radicalmente bueno o malo por cojones sin molestarse en leerlo.

A veces una no sabe si tirarse al metro o a la metáfora.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a Tirarse a la metáfora.

  1. Al maquinista, siempre al maquinista…
    Ah, tienes razón. A veces poseer demasiados datos, oculta la verdadera información y el placer

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