Cartas de Celan e Ingeborg Bachmann

Con algunos libros me sucede que me interesan mucho y a la vez me agobian.

He acabado hoy las cartas entre Ingeborg Bachmann y Celan. Ambos escritores, ambos amantes, ambos torturados personajes si bien por diferentes razones. Ella porque no consiguió entender a Celan, él, porque arrastró el peso de ser judío después de la segunda guerra mundial. Se enamoraron y, me permitirán la expresión, convivieron con un menage a quatre que, naturalmente, conllevó incontables discusiones, malentendidos y suspiros tremendos, adobados con trufas filosóficas muy a punto.

Perdonen el tono.

A mí me ha interesado la parte literaria de Celan, la parte humana como sobreviviente de la guerra, las zonas comunes, por así decir, de una experiencia compartible. Ese silencio después de Auschwitz  al que tantos se han referido- los padres de Celan murieron en un campo nazi-, el cómo refleja ese silencio y a través de qué en su escritura.

La respuesta de Ingeborg, que va matizándose con los años, hasta casi terminar por decirle claramente que no tomará el peso de una culpa que no es suya y que parece disfrutar de su propio dolor, es muy coherente con un Celan que no dejaba resquicio a sentir algo parecido a ser feliz. Es curioso como Bachmann crece, se hace adulta, y Celan permanece estancado en su silencio; hasta que se suicida.

Esto, es interesante. Ahora bien, yo no puedo evitar cuando lo leo, pensar en un cierto deja vu de almas torturadas que además les encanta torturarse. Debía ser complicadito tener dos amantes a la vez, tanto Ingeborg como Celan, y no perder un poco el oremus.

En todo caso son un testimonio interesante. A mí me han servido para sacar hoy en préstamo de la biblioteca de mi barrio un volumen de poesías de Celan. Ya les diré.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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