La media tinta.

Creo que la sencillez hoy en día es un lujo. No estoy hablando de la sencillez como lo simple; digo la sencillez de la claridad.

Es como un tono ético, si sirve la expresión. Viene a cuento de muchas pequeñas cosas que veo, leo y oigo; a diferentes niveles y en diferentes modalidades; en literatura, en política, en redes, pero también en la vida diaria de cada uno.

La ausencia de eufemismos, el llamar a las cosas por su nombre, el decir con rectitud, el no gritar, el dejar de contribuir al barullo generalizado, el decir si te gusta o no un escrito y razonarlo también sin medias tintas. Negarse a comulgar con ruedas de molino aunque esas ruedas de molino las empujen “los tuyos”. Todo eso es la sencillez; porque no necesita de nada salvo de coherencia y de ética.

Y es un lujo porque escasea o casi no existe. Y cuando existe, joroba; joroba porque a menudo lo que hace la sencillez es aclarar puntos oscuros que deliberadamente se han ocultado, sacarlos a la luz y dejar con el culo al aire a las gentes que sobreviven a base del eufemismo, la trapacería o peor: las medias tintas.

Yo estoy mayor para aguantar medias tintas.

 

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a La media tinta.

  1. O aquello que nos decían cuando niños: al pan, pan, y al vino, vino. Te doy la razón. Vivimos una época en que el idioma se prostituye para engañar. Ciertos casos que serían chuscos, si no ocultaran la gravedad de los hechos, son pruebas evidentes de lo que digo. Y si hablamos de otros ámbitos, como señalas en tu entradas, se podría usar exactamente el mismo argumento.

    Y, desde otro ángulo, creo que esa sencillez no debe estar reñida con el mínimo respeto. Algunos confunden verdad y sencillez directamente con el insulto y el menosprecio.

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