Jugar con fuego.

No se debe acosar a los políticos porque sufren y atentamos contra su vida privada.

Pobres…

Esa es la perversión del lenguaje de la que escribía el otro día.

A usted le pueden desahuciar. Pero si se va a casa del político que ha permitido eso y le pone a caldo desde la calle, o le empuja al pasar al grito de “chorizo”, el violento es usted.

Aquí se permite la protesta “civilizada”: o sea, que no se vea, que no se oiga, que no se cuente en las redes, que no insulte, que no empuje a nadie, y que use un lenguaje florido.

Otra cosa es terrorismo.

Somos decididamente gente de mala ley, y de costumbres perniciosas.

Me recuerda, si no fueran tan fascistas, al del chiste.

 

-A ver, acusado, ¿admite que pegó un tortazo a su hijo y éste, como consecuencia se partió el labio?…

– No, señoría, yo cuando el queridísimo niño, hijo de mi corazón agarró el cazo del fuego y me vertió el agua hirviendo en la mano, sólo le dije: “ hijo mío de mi alma, ten mucho cuidado porque como consecuencia de tu acto infantil e inocente, me acabo de quemar la mano y me estás achicharrando vivo.”

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a Jugar con fuego.

  1. Esto quiere decir -por verlo desde la óptica contraria- que semejante modo de libertad de expresión (es decir el escrache) sí afecta. Voy a acabar prefiriendo a esos famosillos que se enfadan muchísimo con la prensa de las vísceras cuando sacan a relucir un poco de casquería sin antes haber pasado por caja.
    A los políticos convendría recordarles que la democracia se construye día a día, y no sólo votando -quien vote- cada vez que toque. Y habría que decirles que si una ley -ya declarada injusta por las más altas instancias judiciales europeas- ha desembocado en un puñado de suicidios y está llevando a la desesperación a cientos de familias (el jueves me contaban otro caso), una cacerolada a la puerta de sus casas y unas cuantas cartas (que si les peta pueden quemar, allá sus conciencias cristianas) se me antoja una medida desproporcionada… por lo tibia.

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