Cartas desde Dinamarca. Rugidos de un león.

Terminé ayer Cartas desde Dinamarca, de Isak Dinesen. Además de su interés general en el sentido de lo que cuenta sobre su propia obra, es también muy interesante por los temas que a ella le interesaban y explica.

Uno, es el sentido de ser quien se es, el “ j´ai responderai”, tomado de la divisa familiar de su amante en África, de procedencia irlandesa. El sentido de dar fe de ser ante uno mismo.

Dos, su visión de su propia obra, que es doble: por un lado tiene un humor enorme cuando habla de sus libros y por otro tiene muy claro el valor de ellos. No se dejó achantar nunca.

Tres, el enorme realismo con el que contempla la actitud de Dinamarca en la Segunda Guerra Mundial. Desoyendo idealismos a posteriori. Por otra parte, ella nunca se sintió a gusto con los daneses; parece siempre una observadora externa.

Cuatro, el sentido de “juego” que tiene tanto su obra como su vida personal, o sus relaciones con los demás. La necesidad de vitalismo, pero también de re-creación ( de volver a crear sobre lo existente) en su vida. Y eso lleva aparejado además el huir de solemnidades.

Cinco, su clarísimo asumir y estar orgullosa de su clase social sin el menor complejo de culpa. Lo que no la impidió tener relación con gente de todo tipo y condición. Añado que, a mi criterio (esto es subjetivo), hizo de perlas.

Seis, un sentido de la espiritualidad que no tiene nada que ver con la religión: aunque está intelectualmente interesada por ella; es decir, le interesa de modo racional, como objeto de discusión para su  entendimiento.

Todo esto hace del libro una delicia. La baronesa era directa, sincera, extemporánea, cultísima, amena, llana, excesivamente inteligente para quienes la rodearon en Dinamarca, y, probablemente en su fuero interno- al ver ciertos comportamientos pacatos prefirió siempre un buen rugido de león que aquellos arañazos de saloncito de su país natal.

A lo largo del libro he tenido la sensación de que sus corresponsales se le quedaron siempre pequeños; que su inteligencia sobrepasaba con mucho toda aquella sociedad un poco de bailecito y paso atrás, que además en los nuevos poetas –como siempre-  veía que confundían la sinceridad con lo chabacano; da la impresión de que ellos aprendían a bailar un vals donde a veces disonaba complaciente un violín y ella una danza de la selva en donde lo zafio no es igual a lo directo. Difícil por tanto que la entendieran. Le escribe a un poeta amigo para explicarle eso precisamente, que escribir original no es ser un bruto; lo normal es que el otro- bruto al fin y al cabo por lo que se colige-  no diera para más que para pensar “ qué clasista es la señora baronesa”, mientras ella rugía…

Lean el libro; merece de verdad la pena.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a Cartas desde Dinamarca. Rugidos de un león.

  1. Una propuesta muy sugerente.
    Bueno, ya me he puesto al día, tras esta indeseada y quizá excesivamente larga ausencia. Están cerrados los comentarios en las anteriores entradas, y quizá aquí quede fuera de lugar hacer referencias a otras entradas.
    De todos modos, no me resisto a decir, respecto del libro de Rosa Montero, que también leí un artículo suyo en que explicaba la génesis del libro, y desde ese instante tengo claro que lo leeré; tu reseña pone cimientos más que robustos para esta determinación.
    Y sobre José Luis Sampedro no puedo callarme.:
    Como tantos, descubrí a José Luis Sampedro emocionándome con “La sonrisa etrusca” que recomendé hasta que enronquecí de hacerlo. Y cuantos me hicieron caso me lo agradecieron, sin excepción. También he leído “La vieja sirena”, “Real sitio”, “El amante lesbiano”, “Octubre, octubre”…
    Desde siempre me admiró su potencia narrativa y su mirada siempre penetrante sobre la realidad, una penetración que era capaz de abrirme los ojos sobre visiones que, en realidad, correspondían a viejos prejuicios. Por ejemplo la tesis que sostiene sobre la complejidad de la sexualidad humana en “El amante lesbiano” es prodigiosa.
    En estos días se está hablando mucho -por suerte- de su obra. Y una cosa que me extraña (al menos de lo que voy leyendo al respecto) es la ausencia de referencias a “Octubre, octubre” que, a mi modo de ver, es su obra narrativa más ambiciosa. Quizá la más compleja para el lector, pero a mí me sedujo y más su valentía.
    Esto sobre el escritor, sobre el ser humano tus palabras vienen a confirmar las intuiciones que tenía sobre él en la distancia. Siempre me pareció un sabio, muy comprometido con el progreso y los más humildes, siempre un defensor de la libertad a ultranza, siempre en contra del aplastamiento del hombre por el capital (y era economista, convendría no olvidarlo), pero sobre todo una buena persona, alguien que supo entender la vida… y la muerte.

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