Lecturas y escrituras.

Anda una leyendo tres libros. Y escribiendo dos. Ahora la llaman pedante y llevarán ustedes razón. Pero me divierto mucho. Les cuento.

Anda una leyendo Memorias de África, de Dinesen, Relatos autobiográficos de Bernhard y Mi madre y la música de Marina Tsvietáieva. Les explico: del primero me cumple el préstamo el viernes que viene y quiero acabarlo, así que lo he cogido ayer para rematarlo. El de Bernhard estaba a la cola, y el último llevaba tiempo queriendo leerlo y comprobar lo que estoy comprobando: que me aburre.

De la Dinesen ya les diré cuando lo acabe, pero en principio es entretenido, sin mucho más por el momento. Amigas me aseguran que no es lo mejor que tiene, sino sus cuentos. Les echaré un ojo.

A Bernhard, después de leer una obra maestra como El malogrado, le tenía ganas. Ese estilo reiterativo, expandiéndose, que crece en la frase como en oleadas, me seduce. Es para detenerse y leerlo despacio sin embargo: no es un libro para lectores desatentos. Puede-no lo sé aún- que haya un exceso en ese estilo y que en ciertos momentos me canse, pero insistiré.

Y, como les decía antes, el tercero me está aburriendo. Mas bien irritando como lectora. Y ya les aviso: lo termine o no- que probablemente no- no leeré más libros de Tsvietáieva. He leído poemas suyos, que me parecieron un jeroglífico delirante, cartas suyas, que me parecieron una muestra de una patología enfermiza, y ahora este libro que me parece una explosión infantil,  más bien pataleta contra su señora mamá, a cuenta de que no le gustaba tocar el piano. Y siempre con un lenguaje sincopado, confuso, asintáctico y caótico. Cada vez que la he leído he terminado pensando que si eso lo escribo yo me dicen que me dedique a escardar cebollinos. A ella le dicen que era una vanguardista. Pues vale. Cualquier día escribo 60 páginas así y pido que me las editen: cuando me digan que no, les acusaré de no leer a la rusa.

Ustedes disculpen el tono, pero muchas veces me hartan los tópicos institucionalizados: esta mujer es un mito porque se suicidó, era joven y era mujer. Vale, pero escribía fatal y estaba como una regadera.

Ando escribiendo también yo, que no soy rusa y no aspiro a la gloria. Aunque sí a encontrar editor majareta, naturalmente. Y además de El retrato de Irene, novelorio que va por las cien páginas y que está pelín parado, estoy escribiendo cuentos. Con el improbable título genérico de Imperfectos Desconocidos. Y sucede que he empezado uno que se titula el año de Kundera, y llevo 40 folios. A saber si se quedará en cuento largo o será algo más: es la historia de distintos personajes que leen el mismo libro de Kundera, es lo que les une. Distintos, dispares, diferentes…un personaje- en ocasiones dos- por mes. Y voy por el mes de julio. Veremos en qué acaba la cosa, si forma parte de los imperfectos, o termina siendo otra cosa; un tomo de relatos independiente.

Diversión asegurada, eso sí, entre unas cosas y otras…y encima ha empatado el Barça y ha ganado el Madrid…

 

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a Lecturas y escrituras.

  1. Pues, sí, te lo estás pasando pipa. Cualquier día espero que se me acabe esta maldita sequía creativa y salgo alguna cosa. Entre tanto, al menos disfrutaré de lecturas.

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