Memorias de África: mucho ruido.

Ayer comentaba en algún sitio que estaba leyendo a la baronesa Blixen, sus memorias de  África. Ya les puedo decir que he dejado de leerlas.

 

Y no porque sea un mal libro, aclaro. Es decir, que la baronesa me cuenta cómo era la vida en los años treinta el siglo pasado en África, desde su punto de vista; que es un punto de vista comprensivo, sí, cercano, también, pero sin ninguna duda paternalista. Blixen vivió en África al frente de una granja hasta que tuvo que largarse porque se arruinó y a mí, con sinceridad, al leerla me ha parecido que pensaba que tenía un juguete que incluía a sus “negritos”. Naturalmente esto, dicho así es un poco injusto con la escritora: vamos a ver si yo me sé explicar.

El punto de vista desde el que se escribe el libro es el de alguien que recuerda lo feliz que fue en un lugar, porque le ofreció libertad de acción. Y de alguien que además, siente que quiso a la gente que la rodeó. Lo que sucede es que la “manera de querer” de Blixen forma parte de un estilo. Es decir, que la baronesa fue baronesa en Dinamarca y en África.

Naturalmente esto conlleva una serie de limitaciones a la hora de juzgar. Porque lo que cuenta está siempre tamizado por el sentirse “maternalmente implicada”, pero no igualitariamente cercana. Por mucho que se acerque, que se “solidarice”, siempre en su relato hay un sesgo de superioridad moral, que a mí particularmente me rechina mucho, aunque sé que la Blixen fue mucho más que una diletante; eso tampoco se lo pongo en duda.

No he acabado el libro, no solo por eso, que también, sino porque después de un excelso comienzo en el primer capítulo y aún en el segundo,  hay un descenso de interés literario. La Blixen inicia su anecdotario, se detiene en detalles que, para ella, son muy importantes, pero que al lector- o al menos a mí- le cansan, y termina por ser bastante reiterativa. Al final me ha dado la sensación de que es mucho más el ruido que se ha metido con el libro, la institucionalización de “obra excelente” ayudada por la película, que me entretuvo pero nada más, que en realidad la calidad de éste.

Saqué de préstamo sus cuentos de invierno, pero de momento no voy a leerlos. Ya los volveré a coger.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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2 respuestas a Memorias de África: mucho ruido.

  1. Sira Gadea dijo:

    Yo tampoco soporto la condescendencia.

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  2. Me alegro de haber leído esta crítica, así no pierdo el tiempo con el libro que tengo aparcado desde hace años.
    Besos de tú a tú.

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