Leopardi y Madame de Stäel.

Habla Leopardi de muchas cosas en sus reflexiones. A veces causa cierta ternura por lo joven que demuestra ser en ellas. Pero sin embargo, encuentro algunas que me dejan pensando.

Escribe Leopardi que lee a Madame Stäel. Un libro titulado Corina. Y reflexiona entonces sobre lo que él llama “el genio”; viene a decir que Stael cree que la gente vulgar no reconoce la creatividad o la originalidad y que la desprecia por envidia: y Leopardi dice que no. Escribe que la cosa es más complicada; que “esta envidia no puede encontrarse en los espíritus pequeños que ella describe., porque jamás han considerado al genio y al entusiasmo como superioridad, sino como locura, como fuego juvenil, como falta de prudencia, de experiencia y de tino, etc. […] Por el contrario sienten compasión, desprecio y hasta malevolencia hacia ellos como personas que no quieren pensar como los demás, como ellos creen que se debe pensar. Por lo demás, creen incluso que cuando sean más maduras se arrepentirán; prueba evidente de que están muy lejos de envidiarlas”.

Una se queda pensativa. Piensa en artistas contemporáneos y aplica el ejemplo; ¿es entonces la ignorancia más que la envidia, lo que hace emitir juicios, opiniones o despectivos adjetivos en ciertos casos?…

No lo sé. Yo diría que es una mezcla, que, en muchos casos actuales es más bien la pregunta consciente o inconsciente de “ ¿ por qué él sí y yo no?”, la que hace emitir esas valoraciones, esos juicios, esas maneras de despreciar.

No sé ustedes qué piensan; a mí me ha dado para un ratillo de reflexión.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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2 respuestas a Leopardi y Madame de Stäel.

  1. Jesús dijo:

    Me atrevería a decir que la envidia no es capaz de atravesar castas separadas; solo envidias a los semejantes, a los que en situación similar a la tuya son capaces de destacar, de hacerlo mejor que tú, de ganarte con tus mismas armas. Yo no podría envidiar un cuento de Carver —admiralo sí, desde luego—, igual que él nunca envidiaría uno de mis micros, básicamente porque jugamos en ligas distintas. Para envidiar, creo, debes sentirte cerca del envidiado; lo demás es admiración, o respeto, o ambas cosas.

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  2. Estoy con Leopardi. Creo que la ignorancia nos aprisiona con sus garras de hierro. A veces criticamos porque lo que vemos o leemos o escuchamos queda fuera de los esquemas que manejamos (da igual que sean mentales, emocionales), y al estar fuera juzgamos que se trata de algo insuficiente, o directamente malo.
    Traes este texto hoy a colación, y me doy cuenta de que ayer mismo, visitando una exposición, criticaba justo aquello que no entendía. Minusvaloraba la tarea de artistas reconocidos por la crítica y los especialistas. ¿Cómo puedo criticar algo de lo que no sé nada?
    ¿Esto quiere decir que la envidia no es motor de criticas destructivas? Creo que en este caso la reflexión de Jesús es la atinada.

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