Libros hospitalarios: Marga Clark ” Amarga luz”

De vez en cuando la vida te regala un libro para que se acoja a las leyes de la sagrada hospitalidad.

Verán, no siempre los libros son acogidos en hospitalidad. A veces son simplemente leídos. Otras, son dejados a medias, en muchas ocasiones son disfrutados, es cierto, pero se guardan en anaqueles de nuestra librería con el mero pensamiento de “qué interesante”, o “qué entretenido”, y luego permanecen en el mismo lugar de nuestra librería; durante años, como si nunca hubieran pasado por nuestras manos.

Los libros, no sé si ustedes lo saben, tienen alma. Todos. Los libros son siempre seres pequeñitos: pequeños duendes de la mañana, o de la noche, según su poseedor los lea a una hora o a otra. Y guardan, dentro de sí el corazón y el latido de su deseo: ser queridos.

Claro está que hay libros que saben que no serán queridos por todos. Hay libros que nacen sabiendo su destino: un destino cruel al que les abocó un autor idiota-sin perdón-, que usó mal las palabras, las mezcló sin respeto y terminó haciendo un caldo para consumo barato. Pero hasta esos libros se alegran cuando encuentran un lector que sólo se alimenta de caldo barato.

Hay otros libros sin embargo, que esperan a su lector durante años a veces. Sabiendo que llegará; conociendo de antemano su silueta, disfrutando antes de tiempo del encuentro. Porque entre un lector y sus libros siempre hay un encuentro: la lectura, y, cuando el libro se sabe digno, ese encuentro es hospitalario: el libro le enseña al lector su secreto, y el lector, a cambio, le entrega su corazón. Y nunca se rompe esa alianza. Pasarán los años, los inviernos, me haré viejecita, peinaré canas, y aún mis manos cada vez más torpes pasarán las hojas queridas de tantos libros que amé, sabiendo que ellos, con su corazón de papel, también me quieren a mí, y que, cuando me vaya, me llorarán.

Y hoy he leído un libro acogiéndonos los dos a las leyes de la hospitalidad. Un libro que llegó a casa hace año y medio, que por unas cosas y otras sólo había leído a trocitos, para hacerme una idea del contenido.

No sé qué ha tenido esta tarde de sábado medio en llovizna para que me haya sentado y haya empezado a leer Amarga Luz, de Marga Clark.

Pero con él, he llegado al interior mostrado de dos vidas: dos vidas que se inter-relacionan, que se entremezclan, que tienen muchos puntos en común: soledades, incomprensiones, desencuentros amorosos, y creación artística.

Marga Gil fue una artista de primeros de siglo, escultora, dibujante y escritora, que se enamoró de Juan Ramón Jiménez y al no ser correspondida se suicidó. Pero la historia va más allá de este relato sintético: nos explica una familia, un ambiente, una investigación sobre ella: una investigación que también nos cuenta a la vez otra vida paralela; otra vida de creación y de soledades; y, a través de las dos vidas, una, o sea, yo, se hace cómplice de reflexiones, sentires, desolaciones y actitudes. Porque este libro no es simplemente la historia sin más de algo que sucedió, y de una vida reducida luego al olvido; es un viaje hacia la luz. Un viaje hacia la luz en tres aspectos: el del reconocimiento de su valor artístico, el de la restauración de un acto lúcido y generoso ante su muerte y el del nacimiento hacia la Libertad: en este caso a través de su labor creativa que la hace regresar de la muerte para presentar su Obra.

Y también es este libro un viaje interior: el que Marga Clark hace a través de su vida, saliendo de la oscuridad para saberse también libre, restaurando la Memoria y a la vez restaurándose a sí misma la capacidad de preguntar y llegar a saber.

Y todo esto me lo entrega este libro despacito, calladamente, con la lentitud con que se hace una escultura o se escribe un poema de amor. Hospitalaria entrega para que yo la recoja y la guarde, y haga pacto de lealtad con otro libro que lo merece.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a Libros hospitalarios: Marga Clark ” Amarga luz”

  1. Sí, los libros tienen alma. Tienes razón. Y es una verdadera fortuna encontrar libros como éste que nos propones, que, obviamente, me apunto.

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