Vencejos.

Amanece con calor y cielos azules por decir una frase tópico. Yo, sin embargo amanezco un poco rara: una sensación de huesos alborotando y algún estornudo sin razón aparente. Luego, pensando, deduzco que igual fue la ventana abierta y que de noche bajó la temperatura.

 

Da lo mismo, se me ocurre mientras desayuno: haga lo que haga algo voy a tener, así que mejor hacer la vida normal y pasar del asunto.

Desayuno y saco al perro. Éste, tiene calor. Sale como precipitado. Me lleva por sitios distintos; donde hay sombra. Terminamos al ladito de un árbol añoso, con ramas medio caídas. Y con cuidado yo de no caerme, porque está rodeado de piedras que, cumpliendo su función de proteger al árbol, a quien no protegen es a mí.

Regreso a casa viendo a un par de paisanos convenientemente apoyados sujetando la pared; es decir, haciendo nada, salvo fisgar, y esperando a que yo pase para decir cualquier chorrada. Con lo que rodeo y cruzo, y les veo de lejos hacer un gesto de fastidio porque no pueden decir la tontería.

Los pueblos, pienso, siempre tienen sus fisgones.

Después de comer, ya en la tarde, entrecruzando el cielo nubes de paso. Hay un sol picajoso, poco claro, se nubla a ratos. El perro pasea nervioso. Es habitual en Torrelaguna este cambio en las tardes de verano; a veces con resultado de agua, otras manteniendo la sensación de anubarrada, sin descargar. Como anunciando algo que no será.

Pienso si los paisanos seguirán sujetando la pared en la misma actitud que el cielo: esperando no se sabe muy bien el qué.

Lentitud del verano. Veo los vencejos: ellos siempre permanecen

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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2 respuestas a Vencejos.

  1. Una apacible lentitud me habla desde un tiempo que ya no se resiste. Se desvanece en la memoria de esos pueblos y sus gentes. Las imágenes, como chispazos de la memoria, ya se han hecho inasibles. Las imágenes del texto tienen el poder de trasladarme a una vida vivída -o puede ser que sea algo que me mostraron las lecturas de mis años jóvenes y he sentido esa lentitud de entonces.

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  2. Y eso porque no hay obras, sino las estarían dirigiendo

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