Lecturas de Roubaud, Labordeta, Ionesco.

No he tenido suerte salvo con uno con los libros que he leído en la sierra. Y empiezo con el primero, con el de la suerte.

Es un libro curiosísimo, que no compré, sino que me regaló un librero en la Feria del Libro, un libro extraño y me temo que muy poco conocido o más bien conocido solo por lectores tan extraños como él.

Es un libro de Jacques Roubaud, parque salvaje. Su autor, según leo en la Wikipedia y en algún otro sitio porque no le conocía de nada, es matemático, perteneciente a una asociación literaria llamada Oulipo,( Ouvroir de littérature potentielle), fundada por Quenau en noviembre del año sesenta. Les ruego que busquen estos datos porque son largos aunque curiosos. Por resumir, lo que buscan es una nueva estructura formal narrativa uniendo literatura y matemáticas.

Y lo que leo en parque salvaje es un extraordinario libro en cuanto a su estructura, efectivamente. Un libro que merece la pena estudiarse, por su innovación, sus transiciones textuales, es decir, por cómo se pasa de un narrador a otro de modo natural y sin que el lector se pierda, y por la originalidad de su forma.

Además el contenido, que es lo que le interesa al lector normal: quiero decir al lector que simplemente quiere entretenerse con una historia sin pararse a ver técnicas, es un contenido que llega. Cuenta la historia de unos niños que en la segunda guerra mundial van a ser evacuados desde Francia a España. Y es una novela llena de ternura, de alusiones, de miedos y de sobreentendidos, porque el mundo de los “mayores” parece ocultado, como un lugar inaccesible y el mundo infantil forma sus propias reglas. En el último capítulo y para que el lector común se quede “tranquilo” se dan los datos posteriores a la propia narración; con lo que la historia se completa. A mí en particular no me parecen necesarios: es decir, yo no siento necesidad de que “me completen la historia”, pero es un recurso narrativo que funciona a niveles de lectores habituales.

Después de esta joya, que editó Casus Belli, hace dos años, no sé si el autor ha escrito algo más, pero sin duda lo leeré.

 

Y ahora vamos con “los que no”…

No me gustó Mercado Central, de José Antonio Labordeta. Editado por Páginas de Espuma. Y mira que lo siento porque Labordeta es una de las personas que yo más respeto y aprecio de nuestro panorama cultural; tanto como artista como por su ejemplo ético. Pero sería una hipocresía decir que me ha gustado su libro.

No, me pareció un libro exagerado, hiperbólico, desmesurado, escrito con el ánimo de divertir, haciendo retratos de una serie de personajes que, a mí, me resultan en su mayoría desconocidos porque son- la mayoría- pertenecientes al ámbito regional aragonés, pero no consigo que me atrape el modo de contarlo. Se me pierde Labordeta en palabrería, en adorno, en oropel, en boutades y hasta en frases que dejan de tener sentido para ser simplemente acumulación. Prefiero al Labordeta de las canciones; al seco, sobrio, exacto de sus letras, que a éste que no reconozco.

 

No me terminó de gustar el Diario de Ionesco. Esperaba mucho más de un escritor que me agrada en su teatro. No esperaba la manía del psicoanálisis, la repetición monotemática de sus miedos, su absoluto interiorismo de yo-yo; no parece existir el mundo externo en los diarios de Ionesco. Sólo lo triste y angustioso que es vivir, el análisis de sus sueños, el meapilismo del “dice Freud”, el seguidismo a las influencias de Freud en lo que piensa, dice, sueña y hace. Un coñazo. No existe el mundo histórico en su relato, no hay apenas referencias a la literatura, la historia, las relaciones con el mundo intelectual.  Todo es yo-yo.  Y faltando ciento cincuenta páginas decidí que ya estaba bien de lloros.

 

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a Lecturas de Roubaud, Labordeta, Ionesco.

  1. Lo que cuentas de Roubaud me interesa. Y me interesa porque me hace reflexionar. Está muy bien la técnica, buscar algo no trillado, etcétera… Pero si no hay historia…
    Creo que por ahí se puede encontrar la explicación a tantos fracasos en intentos de buscar nuevos caminos.

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