Dioses de pacotilla.

Viene el perro, el mío, agotado de la calle: nada más llegar a casa bebe agua a lametones y se tumba. Mejor diría se derrumba en el suelo. Al rato se levanta, viene donde estoy y, mirándome, jadea.

No soy dios, le digo; yo no puedo evitar el calor.

Ladea la cabeza escuchando. Luego resopla en lo que me parece claramente una frase a su modo: “pues vaya decepción”.

Se queda mirándome. Boca entreabierta. Orejas tiesas. Su dios personal no evita el verano.

Me temo que se haga agnóstico cuando menos.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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3 respuestas a Dioses de pacotilla.

  1. Me encanta tu ironía y tu mirada sobre lo cotidiano. ;)

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  2. catherine dijo:

    Ahora mismo mi perro cree en mis poderes sobrenaturales: llueve, porfa.

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  3. emmarosa dijo:

    Quizá los perros tengan telepatía y yo, después de leerte, entiendo mejor al mío.

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