Tomarse un respiro.

Durante toda la noche se ha sentido el aire fresco: dejé la puerta entornada y la ventana del salón abierta.

Se ha notado. Se ha podido dormir con esa brisa ligera; después del bochornazo de los últimos días ha sido una pausa.

Me temo que no dure mucho, pero de momento la gente lo disfruta: hoy eran otras las caras con las que se veía al personal por la calle.

No entenderé nunca por mucho que uno se pueda ir a la playa a veranear qué placer se encuentra en torrarse al sol. Hay gente para todo, pero salvo que gusten las quemaduras y el llevar el cuerpo embadurnado me lo explico poco.

El caso es que andamos con otro aire hoy. No se nos ve esa pinta de asfixia, ni de boquear por las calles; cosa que también deben disfrutar los defensores del calor del verano…

Y se podía pasear sin miedo a lipotimia, qué quieren que les diga. Las pausas están bien; tanto en la meteorología como en lo personal. Tomarse un respiro, se llama, para así tomar aire y afrontar…lo que venga: el achicharrarse o la vida íntima, que también necesita a veces sosiego.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
Esta entrada fue publicada en Del vivir habitual. Guarda el enlace permanente.