Contra los “textos maravillosos”.

Qué aburrimiento de escritos maravillosos tengo últimamente. El últimamente es hace un año más o menos.

Poemas, poemarios, relatos, novelas, cuentos, experimentos varios, todos son maravillosos, todos son sobre gentes desarraigadas, todos son sobre fracasos existenciales y hasta existen; todos usan términos que mi abuela, la pobre, tacharía de arrabaleros, sin caer en la cuenta, claro, de que los arrabales son ahora el centro porque el centro está en ruinas.

Todos son rompedores, sugerentes, originalísimos, dueños de una “nueva voz”. Muchos usan unos títulos tremendos, impactantes, sabrosísimos, con la palabra mierda o joder o coño, o asco, a ser posible, en el título o subtitulo; desde luego en los textos. Otros muchos simplemente diarrean la palabra, y a eso lo llaman compromiso. Otros juntan sustantivo tras sustantivo, uno tras otro, sin puntos, ni comas, ni siquiera humildes puntos suspensivos.

Otros se acortan hasta la mera exhalación de un pensamiento profundísimo que me deja tiritando; pensando si es que soy idiota y no llego a calar la extraordinaria magnitud del mini lo que sea, o si el idiota definitivamente es el que lanza la perogrullada esperando que aplaudamos.

Otros tienen aproximadamente seiscientas páginas de narcotráfico, drogas, sexo, mujeres en pelotas, algo de vampirismo por ahí escondido, a ser posible cuatro muertes arregladitas, y la displicente sonrisita del marketing.

Qué ganas de leer un texto. Un texto que no sea maravilloso. Ni excelso. Ni originalísimo. Ni lo más en su género. Ni la última bomba narrativa.

Un texto para lectores/as inteligentes. Que diga cosas, que haga pensar, que no vaya de nada, que no pida rendez vous. Un texto que se acerque al lector con el ánimo de compartir un mundo creado y lo haga con sencillez, humildad y, a ser posible, buen gusto.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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7 respuestas a Contra los “textos maravillosos”.

  1. La historia de la Literatura, vivida en cada presente, ha estado preñada de lo mismo. No suframos. Después del éxito de Amadís de Gaula, todos aquellos que escribían lo hacían sobre caballeros y damas platónicamente enamoradas. Hasta que harto de tanto ridículo y tanta sandez y tanta exageración, llegó un tal Cervantes y creó al primer antihéroe. Y así podría haber cientos y cientos de ejemplos. Cuando Garcilaso se trajo a Petrarca bajo el brazo unos lo pusieron a caer de un burro porque nada se entendía, y porque rompía con las tradiciones; sin embargo la mayoría se lanzó a la burda imitación.
    En nuestra época -donde lo cuantitativo también es importante- nos ha tocado esto. Quién sabe, quizá ahora esté naciendo quien conseguirá de todo este batiburrillo y desenfreno una nueva obra maestra y un giro a la literatura.
    Por otra parte hubo un poeta inglés, del que ahora no recuerdo el nombre, que exclamó, “Dios me libre quienes pretenden ser originales”.

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  2. Me gusta mucho la nota. Te cuento que este verano he leído unos cuantos textos sencillos, humildes, y buenísimos. Ha sido fantástico.

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  3. alenar dijo:

    Amando, hijo; sí, pero sobre todo que no me vendan gigantes cuando sólo hay molinos…
    Clara, gracias; bienvenida al blog. Espero que podamos disfrutar los lectores/as de esos textos que dices.

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  4. Hay que saber elegir variedad. Puede haber un buen libro sobre drogas y también uno malo sobre otros temas. Y el que la crítica diga qué es maravilloso y qué no, es cosa de ellos…

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  5. kaldina dijo:

    Bueno, es que en el medio literario abunda la porquería, como en todo, hay que saber dónde buscar. Me atrevo a recomendarte uno y me dices como te va, La Luz Difícil de Tomás González. Me encantó la sencillez del relato y un nivel muy bajo de pretención por parte del escritor, mezclados con un talento increíble para generar imágenes. A mi parecer es de lo mejor que hay actualmente en la novela colombiana.

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  6. En esta globalización de todo y para todos, la literatura no queda al margen… Los verdaderos buenos textos escasean, la originalidad con verdaderos tintes de arte también. A veces encontramos pequeñas joyas que no deslumbran, pero alumbran. Y en ello consiste esta búsqueda lectora continua, en aprender a distinguir, en no cegarnos por las modas y las ínsulas de Barataria y apreciar en lo posible lo ciertamente valioso de lo meramente moderno. Los que escribimos, y eso lo sabes tú muy bien, intentamos ser personales y disfrutar con lo que hacemos… la fama es para otros, y a veces tan efímera como las modas… y los modos.

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  7. No se a que escritos te refieres, pero sea como fuere, es muy personal el tema. “Para gustos, colores” y somos a veces tan diferentes en los gustos.
    Las palabras que llegan y saben comunicar, con contenido, amenas, de lectura fácil, con un toque de humor, serias, trascendentes, opacas, reflexivas…¿con cual nos quedamos? Depende del momento, de nuestro momento interior. Puede que a veces equivoquemos la lectura escogida, es fácil se aparca y seguimos con otra. A mi me ha pasado y al cabo de un tiempo, retomando aquella lectura que dejé, me ha sorprendido gratamente. A veces no. Vuelvo al tópico: depende.
    Te saludo.

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