Marsé en el Callejón del Gato. ” Señoras y señores”.

Recordamos los años ochenta en este triste país con una mezcla de nostalgia y escepticismo. Nostalgia porque de alguna manera empezábamos a pensar que todo estaba por hacer y que podíamos hacerlo nosotros y decepción porque no sólo no lo hicimos sino que de alguna de aquellas polvaredas nos han quedado estos residuales lodos que a veces parecen propios de letrina.

Y viene esto a cuento de que la editorial Alfabia recupera una serie de artículos que Marsé fue publicando en aquellos años en los que el periodismo todavía- en general- era digno. Bajo el título Señoras y señores, Marsé dibuja con estilo de esperpento y vocación de paseante del callejón del Gato a una serie de “caras de la actualidad” de entonces, y añado que algunas lamentablemente de la de ahora.

En ese dibujo silueteado y caricaturesco no se salva ni dios de los alfileres de Marsé. Y menos mal que es así.

Menos mal porque una se temía un ejercicio de nostalgia, pero no.  Desde la Pantoja hasta Cospedal (añadido retrato), pasando por Luis Llach, Nuria Espert, la Caballé, Nixon, y así siguiendo, desfilan por así decirlo la galería de monstruos del sarao y de la farsa en que se ha ido convirtiendo este país y algunos de los nada ilustres representantes de eso que se llama actualidad mundial.

Da pena. No el libro que es muy divertido. Sino pensar en aquellos años ochenta, leerlos en estos textos y ver en lo que nos hemos convertido. Tanto es así que al acabarlo pensaba la polvareda que hubiera levantado el libro si se hubiera publicado entonces; hoy, acostumbrados a una ironía zafia y grosera, contaminante y banal, el libro es apenas un ejercicio de nostalgia.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a Marsé en el Callejón del Gato. ” Señoras y señores”.

  1. Y es que cualquiera tiempo pasado fue… Pues a lo que se ve, dependiendo. Aquellos 80 en que uno era tan joven que tuvo que votar por vez primera en el cuartel y por correo, los viví como un terremoto, pero en realidad apenas fueron un chaparrón, porque -acaso por miedo- se contemporizó demasiado.
    Sin embargo, algunas cosas eran mucho más puras… ¿O es que ahora somos más viejos?

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