Un “breve” sobre prólogos.

Un breve sobre prólogos es lo que voy a escribir este mediodía de domingo frío y con sol.

Creo que en general los prólogos están bien si son cortos y ayudan a dar alguna información de tipo general sobre un autor/a.  Si éste no es conocido vienen bien para que la gente sepa quién es y lo sitúe. Ahora bien, largar un prólogo de cien páginas sobre un autor/a conocido sólo indica dos cosas: uno, que se quiere encarecer el precio del libro—los prologuistas cobran—, o que como no le han publicado al prologuista su estudio en ningún sitio aprovecha aquí el advenimiento del santo.

En todo caso a mí me sobran éstos últimos. Si quisiera “estudiar” sobre el escritor ya buscaría, pero meterme de matute cien páginas, es decir, la tercera parte del libro, sobre lo que “quiso decir” el autor, me sobra. Eso ya lo veré yo cuando lo lea, qué quieren que les diga.

He comprado recientemente el libro de cuentos de José María Merino. Aún no lo he leído. Pero desde luego lo que no pienso hacer es tragarme el tocho que le antecede.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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3 respuestas a Un “breve” sobre prólogos.

  1. Timone dijo:

    Así como no me gusta leer la contraportada, tampoco los prólogos. Nunca me los leo. Siempre los dejo para el final, y si me ha gustado el libro me lo leo, y añado investigación del autor por mi cuenta.

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  2. Estos prólogos tan largos, en proporción a la extensión del libro, son un invento para aumentar la ‘importancia’ del autor. (Como tú, no me refiero a los prólogos habituales -cuando los hay- de apenas cuatro o cinco páginas). Además de que los prologuistas cobren, el libro engorda -fisicamente-, doble razón para incrementar el precio.
    Si tienen sentido, y a veces lo tienen, es en unas obras completas. Ahí sí le veo sentido, acaso podría llegar a ser fundamental.

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  3. catherine dijo:

    Comparto esta fobia de los prólogos tochos. A lo mejor los leo después. Lo que tengo ganas de leer es al autor.

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