A navajazos. ( sobre listas literarias).

Parecería que andan los críticos— los oficiales y los mediopensionistas— en una especie de duelo sobre si su lista de libros más importantes del año es la que vale y ya de paso tirando chinitas a quien dice otra cosa.

Esto es una lata. Parece que entre Chirbes, Tizón, Carrasco y alguno que se cuela por ahí está la cosa. Pero, oh cielos, si apuestas por uno tienes que decir que las otras listas que no apuestan por ese es que no saben nada.

Pues verán, a mí me ha pasado lo siguiente; he leído los tres, Chirbes me aburrió y sin embargo tengo que decir que es una novela literariamente excelente. Pero a mí no me interesa el tema y el cómo lo cuenta me cansó mucho. Ahora, yo no podría decir por eso que Chirbes objetivamente no ha escrito una excelente novela. Carrasco me decepcionó. En este caso sí reconozco que objetivamente no me parece una gran novela. Ya lo expliqué en este blog. Y diciendo eso, también puedo entender que haya muchísimos otros críticos que objetivamente piensen lo contrario. A lo que voy es  a que el crítico es en primer lugar un Lector. O debe serlo. Y a ser posible debería ser un apasionado de la lectura— y aquí me temo que no haya tantos— y, por mucho que se empeñe, en su valoración pesa no sólo lo objetivo sino que la cosa, el libro le llegue, como vulgarmente se dice. Otro asunto es el crítico que no lo es; que los hay, es decir, los ejemplos de aplausómetro y su contrario; los que en vez de leer parece que sufren castigo cada vez que leen. Pero el normalito, el que intenta hacer un razonamiento de los motivos para elegir al final termina inclinándose por alguien y también pesa la subjetividad.

Con esto lo que está pasando es algo a mi modo de ver bastante penoso: como un enfrentamiento — por parte de los críticos— de estos autores; oponiéndoles como si fueran irreconciliables.

Y a esto me niego. Ya ven. A eso sí que me niego. A mí me parece esplendoroso y genial que   Chirbes, Tizón y  Carrasco sean valorados. Aunque el último me parezca verderón, quiero decir principiante y viéndosele las costuras, las influencias y las manías. Pero creo que es bueno que estén, que se les lea, y que sus libros convivan. Añado que de paso me gustaría que estuvieran algunos otros a los que no se les da oportunidad alguna teniendo magníficos libros, pero eso ya es soñar con una crítica que no pertenezca a grandes empresas editoriales.

Dicho esto, vuelvo a los criticantes: caramba si uno prefiere a Chirbes, ¿ tiene que menospreciar a los otros dos?, y los otros dos casos, igual; si uno prefiere a Carrasco ¿ tiene que ningunear y minusvalorar a los otros?…

Pues a mí no me da la gana, vaya.

Ahora sería momento de decir que para mí el mejor libro del año es el de Tizón. Y me explico:

Para mí Tizón ha renovado la forma de contar. La estructura del relato; el cómo se narra. Para mí sus relatos son intemporales. Dentro de cien años un texto como el que sucede en el bosque, ahora no recuerdo el título del cuento, se recordará como tal sin necesidad de datarlo; cualquiera ha estado alguna vez en ese bosque y ha sentido necesidad de huir, por poner un ejemplo. Quiero decir que sus relatos no son “puntuales”, que trascienden su época.  La estructura que usa Tizón para narrar “no relata” como vulgarmente se dice: nos da cuenta de una atmósfera narrativa y nos permite como lectores que la interpretemos. Eso es radicalmente nuevo: Tizón usa el silencio a través de lo que calla permitiendo que interpretemos con simples alusiones. Salvo casos muy puntuales, en el siglo XX el silencio no ha sido considerado parte de la narración. Que Tizón lo haga y experimente con ello es un salto cualitativo no sólo en relato sino para la novela actual.  Y ahora entra lo “subjetivo “mío; en lo tocante a esto de la manera de narrar una está hasta el moño del “ahora voy y lo casco”. Me hace dejar la novela a medias o el cuento. Me suena a más de lo mismo, a repetición con variantes, a mirada por encima del lector: “pobrecito, espera que te lo explico”. A mí me ha hecho emocionarme que Tizón considere a su lector inteligente y nos proponga sus silencios para que los completemos.

Y digo que esto es subjetivo porque hay críticos que no dan esa importancia a la estructura. Que valoran otras cosas; el tema, el argumento, el lenguaje— sin pensar que el lenguaje si no está al servicio de una estructura narrativa pierde sentido, pero bueno, eso es opinión mía otra vez— o lo bien que se cuenta una historia contemporánea. Su oportunidad, etc. Bien, yo subjetivamente prefiero otro estilo narrativo.

Para mí lo de elegir el “mejor libro” tendría que valorar qué aporta de nuevo ese libro. En qué está adelantado a sus contemporáneos, en qué mejora la literatura de su tiempo. Por eso prefiero a Tizón. Pero: nunca se me ocurrirá decir que no se lo pasen pipa con Chirbes o con Carrasco. Puedo dar mi opinión, decir qué no me gusta, etc., razonarlo, pero no andar enfrentando a “partidarios de”.  Ya está bien de navajazos, ¿no les parece?…

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a A navajazos. ( sobre listas literarias).

  1. Estoy de acuerdo, sin estarlo absolutamente en todo. Es decir en el fondo de la cuestión suscribo plenamente.
    De los tres títulos mentados, he leído y disfrutado dos (Tizón y Carrasco; en este último caso, como es públicamente notorio, no estoy de acuerdo con tu valoración, pero esto no tiene nada que ver con el asunto). Chirbes aún no lo he leído.
    A mí me pasa que, como no soy crítico ni aspiro a serlo, prefiero disfrutar con lo que leo, no adentrarme en otras cuestiones, menos aún en sus defectos. Cuando algo no me gusta (lo que obviamente no quiere decir que no sea bueno, sino que no me gusta), lo dejo o espero a otro momento, en que, quizá, mi sensibilidad esté mejor preparada para recibir lo que el autor ha querido decir

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