“Un lugar tan hermoso”, Fabrizio Rondolino. La eternidad de la Belleza.

Antes de leer este libro, alguien a quien se lo comenté creyó conveniente advertirme: “huy, < ese> es un facha”.

 

Después de leer este libro, Un lugar tan hermoso, de Fabrizio Rondolino,  debo decir que como si es obispo.

Fabrizio Rondolino ha escrito una belleza de libro, lleno de música, de ternura, de poesía. Ha escrito una obra maestra narrando un amor imposible, contando lo indecible del olvido, expresando toda la desolación de lo que se nos escapa entre las manos. Habla del amor, sí, de la memoria, sí, del olvido, sí. Pero sobre todo narra con un lenguaje que es pura poesía, puro lirismo, que además nos acerca a la bondad del ser humano, a la radical necesidad de querer y ser queridos. Y apuesta por hacerlo de un modo que hoy es extraño porque no se lleva: con las armas de la sugerencia, de la poesía en prosa, del ritmo de la frase, de las frases como armas de lo bello.

Nos cuenta la historia de amor de un profesor con alguien que ha perdido la memoria; con lo que la historia de amor renace todos los días. Pero esto es lo de menos, lo de más es  que nos hace interrogarnos, nos hace pensar con él en lo que es el recuerdo y en lo que es el olvido; nos hace sentirnos fugaces y eternos a la vez. En su lenguaje- que hay que ponerse de pie y aplaudir al traductor, que es Cesar Palma, porque ha hecho una obra de arte- resuena Valle Inclán, la musicalidad de las sonatas de éste, por ejemplo cuando describe los árboles cercanos a las cataratas de Iguazú: es un poema musical esa parte de la novela; un acorde que resplandece. Un joyel de creatividad lingüística y semántica.

Por favor, léanla: está en Siruela. Es un libro antiguo en el tiempo, pero debería ser eterno.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a “Un lugar tan hermoso”, Fabrizio Rondolino. La eternidad de la Belleza.

  1. Cuando uno es lector debería intentar disfrutar de lo que tiene ante los ojos. Poner como parapeto la ideología de uno frente a la del autor, es un buen modo de leer sentado sobre cactus.

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