Decir lo que se piensa. Sobre crítica literaria.

Alguien a quien aprecio mucho me dice hablando de reseñas y de crítica, “nadie dice lo que piensa”. Sabemos, quien me lo dice y yo, que es un poco exagerado, pero me hace pararme a pensar.

No en si es cierto o no: yo creo que hay de todo, pero sí en la razón del no decir cuando sucede que un libro no te gusta literariamente.

Mucha gente que conozco y que reseña es partidaria del callarse, por ejemplo. Del callarse cuando algo no gusta. Otros estilan casi con exclusividad la crítica cuando es negativa y rara vez la hacen cuando les ha gustado algo que han leído.

Hay gente que hace una crítica de estilo por así decir, ambiguo: parecen— me parecen a mí— meros informes literarios. Una no termina de saber si el/la crítico valora o no el libro.

Después habría que hablar de los dos casos que, a mi modo de ver son el cáncer de la crítica: y lo son porque tan injusto es uno como el otro. El aplausómetro y el insulto. Del último ya he hablado a veces; ahora bien, el primero es tan negativo como él.

Aplaudir un libro literariamente mediano o malo  porque quien lo escribe es amigo, o conocido, o es conocido de alguien que “cómo le vamos a herir”, es hacer daño. Primero a quien lo ha escrito. Porque una de dos; o es lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de que su libro no es tan bueno como los amigos de la cla dicen y entonces le vamos a producir la sensación de “no valoran lo que escribo sino a mí”, o es bobo y estaremos fomentando que siga escribiendo mala literatura.

Y de rebote, estaremos siendo injustos con la propia literatura. Dando por buenas obras que no pasan de ser esbozos, o en otros casos obras que pueden llegar a ser mucho más y que quizá por sobrevalorarlas se queden en tentativas.

El problema es que “nadie dice lo que piensa” porque en muchísimos casos en lo que se piensa es en la persona que ha escrito el libro y no en el libro.

Y nos olvidamos de algo fundamental aunque suene durísimo: si se hace crítica literaria no se hace por Amistad. Se hace porque a uno/a le gusta leer.

 

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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3 respuestas a Decir lo que se piensa. Sobre crítica literaria.

  1. Tema sin duda delicado y lleno de matices. Por no hablar que teñido de gustos personales fruto de conocimientos, afinidades, evolución, etapas de la vida. Al final, salvo bagaje muy amplio como crítico literario (como tu caso), en general las reseñas son opiniones personales sobre un libro leído en un momento y circunstancias concretas.
    Y todo esto partiendo de la base de la buena voluntad, es decir, sin entrar en las ‘indicaciones’ que realizan los grandes medios para que los libros de tal editorial seimpre sean buenísimos y de otra ni siquiera se mencionen, etc, etc, etc

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  2. alenar dijo:

    Lo de los grandes medios no es crítica, en general, Amando. Es negocio. Pero entre quienes hacemos crítica “no remunerada”, caramba, es que parece que si no aplaudimos el poemario del suspirito, pongo por caso, o el balbuceo del aprendiz de cuentista, nos fueran a dejar de pagar mil euros.
    No sé qué es peor; si lo de los grandes medios, o las amistades peligrosas.
    Del otro tema, los ninguneos; también los hay entre quienes no son-somos “grandes medios”; en este caso como se te ocurra hablar bien -o mal- de alguien que “no-es-de-los-nuestros”, te cae el chuzo en la cabeza. ¡ Faltaría más!…

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  3. Lola Sanabria dijo:

    Estoy de acuerdo contigo, Alena. Ya sabemos que la crítica es personal, pero desde luego no me cabe la menor duda (últimamente estoy de merengue hasta las cejas y mira que intento alejarme de las pastelerías) de que, aunque lo veamos, y a veces el humo amistoso o el de quedar en buena posición respecto a los “poderes literarios”, nos nubla la vista, no sólo ocurre que no decimos ni palabra sino, lo que es vergonzante, que no tenemos el menor empacho en decir qué bueno tal o cual libro, repitiendo la misma fórmula para todos. Y sí, yo también creo que se le hace un flaco favor al autor al que se le quita la posibilidad de mejorar o aprender de los errores, uno de los cuales es la precipitación, las prisas que en general nos asolan.

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