Del fútbol, sus “héroes” y la política.

Me gusta muchísimo el fútbol. Quiero decir, ver partidos de fútbol. Desde que era pequeñaja. Ni sé la cantidad de ellos que habré visto, que habré escuchado por la radio. Que habré visto después entrevistas, reportajes y así siguiendo.

El primer partido que recuerdo, fue un Torino Real Madrid, que ganamos 1-2, digo ganamos porque soy del Madrid, y que jugaba Zunzunegui. De hoy es la fecha. El segundo una España Argentina que perdimos.

Quiero decir que no me viene la cosa de hace dos días.

El fútbol tiene, claro, sus rituales, sus mitos y sus leyendas: el puñetero empate de Schwarzenbech contra el Atlético de Madrid, aquel gol de Luis Aragonés, las galopadas de Gento, al que yo llegué a ver jugar, el llanto del Barça en la final de Copa de Europa en el 86; el gol de Koeman, el gol de Miljatovic.

Y tiene sus muertos.

Gente que se eleva a categoría de leyenda.

Y aquí ya empezamos con los peros.

El Madrid tiene a Juanito. El Atleti a Luis Aragonés.

Y ahora el Barça tiene a Tito Vilanova.

Está bien tener leyendas siempre que éstas se mantengan en lo que es el corazón de los aficionados. Bien está recordar a Jarque y a Puerta y a Juanito  en los partidos— aunque a mí me parezca que en eso ya empezamos a perder el oremus—, bien está que se guarden minutos de silencio al empezar la jornada de liga siguiente.

Pero hasta aquí.

El funeral de Tito Vilanova retransmitido por la tele catalana fue un mero espectáculo. Un ejercicio de publicidad, una mascarada de pérdida de perspectiva y una vergüenza sencillamente.

Me pregunto qué estarían diciendo de Madrid, de los madrileños, del Real Madrid, en Catalunya si –nadie lo quiera- el muerto hubiera sido Casillas, la retransmisión la hubiera hecho teleMadrid, y la iglesia hubiera sido la Catedral de la Almudena.

De Poder Centralista, vergüenza del Imperio, asco de españoles, y ahí siguiendo, la rociada nos hubiera caído buena sin comerlo ni beberlo.

El dinero público está para otras cosas. No para institucionalizar leyendas.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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3 respuestas a Del fútbol, sus “héroes” y la política.

  1. Miguel Mora dijo:

    Si se habla de fútbol , y más en un día como hoy de partido importantísimo, me veo obligado – casi – a decir algo ( aunque sea para ir calmando los nervios). Yo también soy muy del Madrid, desde que tengo uso de razón. Y ya se sabe que de equipo de fútbol no se cambia nunca. Yo no sólo vi jugar a Gento, también a Di Stéfano. Y saltaba por el pasillo de la casa paterna cuando el Madrid ( al principio las retransmisiones eran radiofónicas ) marcaba y ganaba las primeras Copas de Europa. Después ya vino la tele, la tele en color, ir al Bernabéu siempre que estaba en Madrid y desplazarme a cualquier sitio de Galicia a verlo jugar. Siendo socio del Celta he deseado que ganase el Madrid y contenido la alegría cuando marcaba para no molestar a los otros socios vecinos. El fútbol está al margen de todo, es quizás el único terreno en que la razón no importa. ( Ya sé : la satisfacción de algunos instintos al margen ). Comportándose, eso sí, siempre con corrección. Nada más detestable que esos hinchas salvajes.

    Siempre, por esa rivalidad deportiva, quiero que pierda el Barça, aunque tengo familia muy querida en Barcelona, ciudad y tierra ( Cataluña) que me gusta. Y no poco.

    No he visto el funeral de Vilanova. Me han gustado los respetuosos minutos de silencio en cualquier campo. Todo acaba en estos tiempos por convertirse en espectáculo. Lamentablemente. Todo es utilización, oportunismo. Incluso – no creo que sea este el caso – zafiedad.

    Y es verdad, el dinero público está – debería estar – para otras cosas. Se malgasta por doquier en un montón de cosas e incluso, como bien dices, para institucionalizar leyendas sean o no deportivas.

    Yo no soy muy “nacionalista español”. Incluso pienso que España es un país plurinacional. Y creo que, desde esas distintas sensibilidades, deberíamos ser capaces de vivir todos juntos.

    Cuando juega la selección española, cuando ganamos el Mundial, ahí sí me sentí muy español. Creo que racional y sentimentalmente.

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  2. No sé, nunca he sabido, si la famosa frase atribuida a Marx de que la religión es el opio del pueblo es literal. Estoy seguro que si hoy tuviera que reescribirla sustituiría religión por fútbol. Y si unimos la liturgia de la religión al guiso, el tema adquiere proporciones tremendas. Lo dice otro futbolero (también madridista y ya sin nervios después de la victoria ante el Bayern y sabiendo que se jugará otra final de la Copa de Europa), que a pesar de todo no dejará de ver fútbol, aunque cada día se lo pongan más difícil.

    En todo caso y fundamentalmente que el ejemplo de Tito Vilanova cunda dentro y fuera de los terrenos de juego.

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  3. Miguel Mora dijo:

    “ Drogado” por el 0- 4 de ayer (ojo, yo sólo tomo cerveza y vino, ni siquiera los tan en boga gin – tonic ) me animo a decir que creo que Amando apunta bien al afirmar que el fútbol es uno de nuestros opios actuales. No sé si ha sustituido a la religión porque las religiones siguen cumpliendo su función, esa misma función que les atribuía Marx. Pero, en cualquier caso, complementa. Como liturgia me gusta más la eclesial, sus aspectos teatrales, los cánticos, el boato, el olor a incienso: espectáculo para los sentidos y en ocasiones trasmisora de cierto temor a lo desconocido, a la justicia divina, a la muerte, a la trascendencia. Además ya no hay autos de fe, la inquisición no es lo que era… Si uno es creyente tiene que doler ver como se canoniza por la vía rápida a un papa protector de pederastas, que abrazaba a dictadores y reñía a curas de la teología de la liberación. Aunque eso no sea nada nuevo, la historia universal del papado es estremecedora. Pero, me desvío.
    La liturgia futbolera es más ramplona, peores los cánticos ( himnos la mayoría horrorosos, zafios los cantos de la hinchada ) peores las banderas y las pancartas ( iconografía cutre y menesterosa imposible de enfrentar a Caravagio ), masas que no asisten en silencio respetuoso sino exaltadas, insultantes y arrojando plátanos o cabezas de cerdo. A veces los feligreses se pelean en los alrededores del estadio.
    Cumple sí el fútbol – y otros deportes – esa función anestesiante del espíritu y despertadora de imprecaciones y protestas mal dirigidas que nos liberan de insultar a los patronos. Canalizan – y no mal – una agresividad.
    Ambivalencia, pues. Como son ambivalentes todas las drogas, las que nos quitan dolor y las que matan ( sólo cuestión de dosis ), las que te arrojan a la enfermedad, a la indigencia, a la delincuencia ( aunque aquí, como en todo, drogadictos, o no, los que delinquen son los pobres ) y las que estimularon a muchos de nuestros más estimados artistas y escritores. ¡ qué sería la historia del arte y de la literatura sin drogadictos ¡. Importa menos cual era la droga.

    Bienvenidas sean pues nuestras adicciones, el rioja, el gol, la morfina desde luego y ¿ por qué no ? para a quien le ayude a pasar el transito, la fe.

    Ah! ¡ por favor! ¡ Qué el Real Madrid gane la décima !

    Otro Ah! : vengo observando que en los medios de comunicación ( en los programas de fútbol es horroroso) el verbo “arrancar” se viene empleando exageradamente como sinónimo de empezar, iniciar, comenzar…. Ahora todo “arranca”. Creo que hasta la décima ( o así) acepción de la Academia no hay referencia a que esa utilización sea correcta. Pero si lo observan con atención es una moda feísima. ¿ Estoy equivocado ? ¿ se puede hacer algo ? se me ha ocurrido que “arrancar” suena más fuerte, más agresivo, más en consonancia con esta sociedad que padecemos. En mi paranoia hasta he pensado si se trataría de una consigna.

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