Esa Presentación de libro a la que yo iría.

He ido a más de cincuenta presentaciones en los dos últimos años. Presentaciones de libros, quiero decir. Muchas me han encantado. Otras han estado bien, agradables y he pasado un buen rato, sin más. Otras me han cansado, algunas me han aburrido y algunas otras me han causado el deseo de asesinar a la mesa de presentación en pleno, a buena parte del público y al autor/a desde luego por prestarse a que su libro fuera presentado como si fuera un objeto risible, usable como excusa, o simplemente lo menos importante de esa reunión, o en el extremo opuesto: tan Importante, Abstruso, floripondioso y bambollante que he desistido de quedarme porque no soy Einstein.

Si se presenta un libro, lo más importante de todo lo que suceda en el acto en el que se presenta es el propio libro. Porque es lo que convoca, al menos en teoría. Un libro, escribirlo, editarlo, publicarlo, cuesta esfuerzo. Pero a muchos entre quienes me incluyo, nos cuesta sueños. Sueños de que nos lean. De que las palabras que allí decimos se transmitan. De llegar al corazón de la gente. Naturalmente que a los Escritores Importantes a menudo lo que les importa es la cifra de ventas, pero aún ahí, conozco muchísimos escritores y escritoras muchísimo más importantes que yo que cuando presentan su libro se ocupan de crear un clima que  ayude a que la gente que asiste se sienta cómoda; no se sienta intrusa o por exceso de formalismo o por abuso de colegueo.

Dicho esto, si lo importante es el libro, en la presentación “ideal”, al menos en la que yo estaría feliz de ser público o presentada, del autor se debe decir simplemente quién es literariamente; mencionar de modo breve, y cuando digo breve quiero decir breve, su último libro por dar alguna referencia y poca cosa más. Por cierto: también sería muy deseable que los de la  mesa de presentación hubieran leído antes el libro… Y a partir de ahí, puesto que lo que se presenta es un libro, procurar explicarle al público qué tiene literariamente de interesante: ¿ crea un nuevo estilo, es particularmente interesante el tema que trata, el lenguaje aporta novedades, tiene que ver con otros libros similares que puedan formar parte de una especie de movimiento, o género, etc.?…Y luego callarse y darle paso al autor, que se debería dejar de memeces; agradecer del modo que comenté para no meter la pata, y contar qué quiso hacer con este libro, qué quiso contar, hablar de cómo fue su proceso creativo; contar alguna anécdota si quiere, y no largarse un rollo húmedo de lagrimales, o erudito e ininteligible,  o a la inversa; de colegueo explicando que “ ay, no llevo nada preparado”: pues mire usted, si no lleva nada preparado es usted idiota o no respeta ni a su público, que le va a tener que soportar balbuceos, ni a su libro que se merece buen trato.

En mi caso particular cuando voy a un acto de estos lo que me interesa es saber si ese libro me va a merecer la pena ser leído. Nada más. He comprado libros de gente que me cae fatal porque en la presentación consiguieron interesarme por el libro, y he dejado de comprar libros de gente a la que tengo mucho afecto porque en la presentación no llegué a enterarme de qué coño iba lo que había escrito.

Entiendo que es una forma muy radical de verlo. Sí. Y entiendo, además que, los “mediopensionistas” como llamo a quienes intentamos simplemente que “vaya alguien más de 12” a nuestros actos tenemos a menudo que inventar maneras de llegar para suplir nuestra invisibilidad; pero caramba, a veces la jodemos bien: por exceso o por defecto.

La cosa no debería durar, ya lo dije, más de una hora u hora y cuarto. Y sí; al final no está de más tomar un algo, o en el local si es un local alternativo o en la librería, o al lado, pero córcholis, al menos que cuando estemos hablando del libro no tengamos hipo…

Sobre “locales” habría mucho que decir, pero eso quizá merezca algún artículo aparte. Adelanto que he estado tanto en librerías como en lugares alternativos y en ambos casos ha habido presentaciones excelentes, buenas, regulares, malas y directamente infumables: y añado que lo importante no es el lugar donde se presenta sino la atmósfera que se crea para la presentación. Pero de eso escribiré quizás la semana que viene.

Y alguna brevedad más, por acabar: los niños, por favor, déjenlos en casa, y al/los presentador/es, adviértanles dos cosas: que el lenguaje “de floripondio” sólo consigue que la tía Margarita se alarme, y que puede haber gente en el público que no quiera ser colega del autor/a: sólo leerle.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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