Un Bosque para Ana María Matute.

A Ana María Matute hay que acercarse con ojos de niño al que le gusta leer historias que son nuestras. Historias que nos afectan, vidas que pudimos vivir. Sueños que nunca cumpliremos pero que vamos a tener siempre.

Habría que leer como si por primera vez alguien nos acercara realidades que estaban ahí pero sin contar; leer los relatos de los niños, los niños que aparecen ; buenos, malos, tontos, traviesos, humildísimos niños de una España que era tan gris. Casi tan gris como la de hoy. Habría que quedarse en sus ciudades pequeñitas, en las que nunca parece pasar nada, o en los pasillos de las casas que describe, o en los huecos.

Sobre todo en los huecos que sus personajes tienen, lamparones de tristeza a veces, otras simples ausencias que no saben cómo desterrar. Hay que sentirse olvidado rey de un paraíso inhabitado, sí y guardar la primera memoria de quien fuimos.

De Ana María Matute se va a escribir muchísimo ahora, se van a cargar los blog y las redacciones y las web de lo que dijo, lo que pudo decir, lo que opinaba…

Yo me quiero meter dentro; dentro de un libro suyo, de ese paraíso inhabitado, hasta ahora el último, y patinar con el protagonista de la novela; patinar hasta ver las estrellas de un sueño que gracias a ella fue real.

Yo no sé cómo expresar cuánto ha hecho por el bien narrar, por el relato sincero, por la verdadera y sagrada opción de los narradores- contar- esta mujer que se nos ha ido casi en silencio, tan calladamente, tan sin protagonismos, tan sin portadas. Nos ha contado lo que fuimos, lo que pudimos ser y lo que quisiéramos haber sido; nos ha llenado el corazón de historias, y lo ha hecho con lo único que cuenta el verdadero Escritor: su respeto a las palabras.

Ojalá el Rey Gudú la esté llevando en sus brazos para siempre al reino donde está su Bosque: ese que tanto  quiso.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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