Caminos anfibios de Calabuig

Trece relatos conforman el libro “Caminos anfibios”, de Ernesto Calabuig que acabo de terminar esta tarde.


Ya nos dice la contraportada del libro que esos caminos son resbaladizos, y el autor en unos de los cuentos nos aclara que sin embargo son objeto de ritual: todos los años, los anfibios siguen el mismo camino sin detenerse cuando llega la primavera para desovar. Naturalmente el hecho en sí se convierte en metáfora de vidas resbaladizas, o más bien de las contradicciones de las vidas que, pudiendo seguir una senda, optan o se inquietan por diferentes maneras de actuar.
Pero yo me quería referir en mi crítica a otras cosas en estos cuentos. Me explicaré.
Yo quería referirme aquí a los dos tipos de relatos que encuentro en el libro. He leído algunas críticas y quizá no he leído bien o no se le ha dado importancia.
En este libro hay dos partes. La primera, a mi modo de ver es muy simbólica, con el uso de atmósferas que relatan situaciones en las que los personajes deben decidir de alguna manera sobre sus vidas; en las que el símbolo al que aludía antes es expresamente mencionado, con una dosis de onirismo evidente, por ejemplo en “Johnny cree en los magos”, y en los que lo que sucede es menos importante que lo que podría suceder; por ejemplo en uno de los mejores relatos “del ahogarse en un vaso de agua”, lo de menos es la anécdota en sí, lo que importa es todo lo que podría suceder y de hecho sucede a partir de la elucubración del personaje. Son estos, relatos morosos, incluso demorados, lentos, digresivos, en los que Calabuig usa la digresión para crear diversos enfoques en el mismo relato, con referencias culturales evidentes, incluso cultistas, y en las que yo personalmente encuentro resonancias intelectuales muy interesantes, como Broch, o Mann, o algunos otros autores. En ellos, los caminos “anfibios” en realidad transcurren en la mente de los protagonistas; como una construcción intelectual que les lleva a decisiones o a la falta de ellas.
Y después en mi criterio asistimos a un segundo grupo de cuentos, que parecen tener un cierto componente biográfico y que, curiosamente dejan al margen esa “construcción mental” del camino anfibio para presentarnos al camino como tal. Es decir, como un hecho real, aunque no se sea consciente de él. A este grupo corresponderían los últimos siete relatos, de los que yo destacaría “ Dahlmannstrasse” y “ mi padre a un lado del camino” como los más representativos. Son cuentos de un tono mucho más realista, incluso intimista, y que presentan distintas realidades en las que –a la manera anfibia- hay que decidirse por lo habitual o por lo distinto- un ejemplo evidente sería el último relato “nocturno del Ruhr”, en el que el alejamiento de lo establecido no termina de hacerse concreto por miedo.
Me parece muy interesante el modo que tiene Calabuig de narrar. Una síntesis de estilo elaboradísimo de referencias literarias y de complicidad con el lector, un consciente “desenfoque” de la acción o del hecho narrado para , a través del rodeo ir mostrando lo que sucede sin necesidad de perder la distancia narrativa.
A mí personalmente me ha interesado mucho el libro; me parece que hacen falta relatos en los que el autor sea capaz de ser cómplice con el lector y a la vez de mantener la distancia con lo narrado.
Lo publica Menos Cuarto. Y merece la pena.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a Caminos anfibios de Calabuig

  1. Huele, más que a interesante, a necesario

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