Malaparte. La brillante frialdad. ” Diario de un extranjero en París”

Hasta este Diario de un extranjero en París, no había leído nada de Curzio Malaparte.  No me ha llamado nunca la atención tanto como para leer sus novelas; están escritas en una época en la que predomina la literatura de “tesis”, y en la que el tema del existencialismo y el pesimismo ético de después de la segunda guerra mundial impregnan la literatura europea. Tuve bastante con mi adolescencia leyendo a Camus, Sartre, Simone de Beauvoir y escritores similares. Me quedé, por así decir, repleta de desesperaciones, huidas hacia la nada, justificaciones nihilistas etc. Respetables, pero que me resultaron demasiado farragosas, demasiado impostadas en algunos casos. En ese tiempo, leí también a Roger Martín du Gard, aunque sólo su primer volumen de Los Thibault, y algunas otras obras de similar tema; Cesare Pavese, entre ellos, por ejemplo.

El asunto es que acabé demasiado harta de filosofías noveladas y desesperación existencialista y a Malaparte ni me lo planteé.

Después de leer este diario, no seguiré con otras obras suyas; sin embargo tengo que decir que literariamente es brillantísimo.

En 1948 Malaparte ha regresado a París después de aquello que eufemísticamente se conoció como “ser depurado”; es decir, después de haber estado en la cárcel por colaboracionista con los nazis. Y lo que escribe es su forma de “aterrizar”. El libro es un diario de su vida allí, pero mucho más. Una serie de observaciones, reflexiones sobre Francia, la guerra, los alemanes, el papel de Europa, la forma de ser – o de no ser- francesa, además de un retrato brillante del propio París, de gentes que conoce, de hechos, de opiniones etc.

Es un escritor que con apenas dos frases retrata un personaje, un paisaje o un hecho. Con una justeza en la descripción, de cirujano.  Y también con el frío del escalpelo. Malaparte deslumbra pero no conmueve. Un escritor al que hay que tener cuidado al leer, porque llevados por la magia de la expresión, podemos terminar asintiendo a un pensamiento, a una opinión, a una idea absolutamente mezquina. No sé si mis lectores vieron el musical  “Cabaret”… los que lo hayan hecho se acordarán de la canción que el dueño del cabaret canta bailando con la mona…es una canción chusca, a veces parece bien humorada, brillante incluso…hasta las palabras finales “ no se darían cuenta de que es judía”. Bien; cuando yo la vi en Madrid, el público que había estado riendo hasta ese momento, al escuchar esas palabras quedó en un silencio sepulcral y nadie aplaudió. Luego un acomodador nos dijo que pasaba lo mismo en cada representación. Que lo sabían, claro y que era lógico. Esta asociación viene a cuento de lo que les decía del estilo y el lenguaje de Malaparte: corremos el peligro de aplaudir por brillante algo que nos repugna éticamente.

Creo que este es un libro que se debe leer. Sinceramente. Porque refleja un estado de conciencia determinada al final de la guerra y merece la pena conocer cuáles eran las condiciones que le hicieron pensar así. Sé que Malaparte terminó siendo afín al partido comunista, según él dice estuvo en la Resistencia…en todo caso un curioso personaje, contradictorio, mezquino, brillante, frío y enamorado de Francia.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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