Las vidas grises de Sergio del Molino. “Lo que a nadie le importa”

He leído Lo que a nadie le importa de Sergio del Molino.

Si alguien busca una novela ficcionalizada, no debe leerla.

A Sergio del Molino, creo, lo que le interesa es contarse. Y de paso que se cuenta, contarnos. Y hay que entrar en su libro con esa premisa.  No busquen cantos de sirena, no busquen juegos literarios, ni técnicas dispuestas para ajustar las partes de la novela que encandilen a los críticos.

Sergio ha escrito una novela sobre su familia y de paso nos ha contado un país.

Un país gris, mortecino, viejo, miedoso, mediocre, asustado: el país del “no te signifiques, hijo mío”.

Todo parte de una frase: la que expresa José Molina a su mujer, antes de morir. A partir de ella se construye una durísima narración de lo que podemos llamar al estilo de Quico Pi de la Serra, “ un hombre gris”. Una durísima narración verdadera. Que se cuenta a través del nieto. Alguien que, como el protagonista, en la novela aún no ha encontrado su lugar en el mundo.

Y asistimos a  la juventud de José Molina preludiada por un Ebro como símbolo de lo que no se olvida, a la guerra incivil y a sus destrozos de los sueños: los sueños pequeñitos de la gente gris, los sueños sin importancia, los que a “nadie le importan”. Y a su conversión en una persona “como todas”; empleado en el Corte Inglés, casado con una mujer entre surreal e imposible, aparentemente fuera de la vida diaria, con sus muñecas y sus bibelots, y su casa en Embajadores- Madrid- y su falta de interés por la vida de fuera. Y sin embargo, sibilina, tirana de sueños, despegada de afectos, y a la vez niña soñadora de infancias de cuento que se mueren cada día con los platos sucios del fregadero.

Algo así. Y en ello, esa España del silencio, las calles del Madrid roto y desnortado, las cuestas irreales de niebla, por las que también su nieto va buscando no se sabe qué, otra cosa, otro país, otra familia, una leve esperanza.

Este es un libro y es una memoria. Un libro y una memoria dura, gris, reseca como el final de los cigarros Ideales que fuma José Molina.

En un lenguaje natural, sencillo, sin la menor concesión a la “literatura”. Como una necesidad de expresar precisamente el tiempo en indicativo, ese que “a nadie le importa”.

Léanla. Lo merece y mucho.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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