“La hora violeta”. Sergio del Molino.

No quisiera escribir sobre este libro sin antes manifestar algo que me parece necesario y enseguida sabrán por qué.

Para empezar, he leído absolutamente conmovida y con un sentimiento de enorme respeto a Sergio del Molino, y su, La hora violeta.

Y quiero decirlo así antes de hacer la crítica como tal del libro. El problema- al menos para mí; quizá no para otros- es que éticamente yo no me puedo acercar a este libro y hacer una mera reseña literaria.

Porque este libro, en mi opinión, es una catarsis que el autor necesitaba escribir sino quería seguir “rodeando el tema” pero sin contarlo. Es decir, que si no hubiera escrito este libro tal y como lo hizo, se hubiera pasado la vida escribiendo aproximaciones.

Porque hay libros que necesitan escribirse para –por decirlo así- “colocar el dolor” en un lugar si no habitable, al menos decible.

Y es lo que ha hecho Sergio del Molino. Nos ha trasladado su dolor, su  desolación, su ir muriendo, viviéndose lúcido, mientras se moría su hijo.

Con un lenguaje que rompe eso que se llama norma literaria. Sergio no quiso hacer literatura. Quiso traducir eso que Rosa Chacel llamó “lo indecible”. Y la traducción nos ha llegado como un cuchillo  o una resquebrajadura absoluta.

Es cierto, y el autor creo que lo sabe, que este libro habrá tenido su público. Y que ese público probablemente sea muy especial. Es cierto que el lector común y corriente que busca una novela común y corriente no va a llegar al final del libro, pero también es cierto que unos miles de nosotros hemos llegado con él a ese final y aunque sea tarde y a destiempo  hemos estado con él en la hora violeta.

Quizá porque muchos de nosotros, en otro sentido, y en otras circunstancias, y con otros muertos, hemos estado en ese tiempo suspendido, de desolación y de herida y sabemos qué es.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a “La hora violeta”. Sergio del Molino.

  1. Sin saber más, quiero decir, sólo con la lectura del post, me corre un escalofrío.

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