Carmen Peire: ” En el año de Electra”. Poner de pie al mito.

El 30 de enero de 1901 Benito Pérez Galdós estrenó en Madrid, su obra teatral Electra.

Este hecho que desencadenó todo un movimiento social que arrastró a un gobierno, tiene en el libro de Carmen Peire En el año de Electra, una importancia central, y me explicaré.

La Electra de la mitología, hija de Agamenón es vengadora de su padre y cómplice de su hermano, Orestes. Y desata en el mito griego y para siempre toda una teoría de la libertad.

Galdós en su obra de teatro creó una fábula-basada en hechos reales- sobre la misma libertad que marcó el devenir de la historia de España.

Carmen Peire nos cuenta un hecho –también basado en hecho reales- del que van a depender las vidas posteriores, los silencios y también la necesidad de conocer el pasado de los personajes de su novela. Pero con ello nos está narrando la historia de un silencio. La historia de una España que pudo ser de otra manera y sin embargo no pudo ser. Y no pudo ser durante décadas. La memoria en este caso ocultada, como en tantos otros, no puede ser rescatada si no hay alguien que quiera hacerlo. En este caso, Inés. Y aquí entroncamos con otro de los temas fundacionales del libro: el exilio.

El interior, representado por Isabel, callada, sigilosa, la “guardadora de los secretos”, la que no nombra. La que no dice. La España humillada y vencida por el Poder, por el “Señorito”, por la Sotana, y sobre todo por el Miedo a decir.

Y el exterior: representado por Inés. La inquisitora, la que pregunta, la que decide, la que quiere saber, porque “sólo buscas un trozo de tierra para que tus raíces puedan crecer”. ( Pag 46 ). Esta mujer entera, con dudas, sí, pero decidida, que la primera vez que pisa España dice que “llovía blanco”, con metáfora magnífica para indicar la nieve, es quien va a resucitar el mito.  En este caso va a Saber. Y con ello a restituir.

Naturalmente en esta novela habría que hablar de Efrain, personaje que se nos aparece como en las tragedias del mito como “actor pasivo”- le llega una carta que desencadena la acción, y además “avista” primero la carta, en la calle, revoloteando por el viento: presagio o anuncio, premonición- y que con sus cuadernos, sus investigaciones, su insistencia, activa el desarrollo de las cosas. Y claro, Doña María, figura clave para entender el título de la obra y los porqués de las relaciones histórico-dramáticas.

Sin embargo, a mí me parece que el drama lo configuran el dúo Isabel-Inés: el pasado, el silencio, lo que no se puede nombrar, y el futuro, las preguntas, el aire limpio del porvenir.

Como si ambas pusieran de nuevo en pie al mito y enfrentaran por enésima vez a las dos Españas que tanto nos cuesta liberar de lo oscuro.

Magnífica novela, de lenguaje conscientemente sencillo, de impecable estructura narrativa, de presentación sin adornos y donde además se deja espacio a una ternura muy soterrada, muy implícita, como leves notas al pasar; magnífica la descripción del paisaje del exilio de Inés, por ejemplo, repleta de lirismo: “ y los jardines de mangos, con sus frutos del verde al amarillo pasando por el rojo, marrón y naranja, diferentes tonos que brillan con el sol según maduran. Tierra rojiza, verde frondoso y oscuro, vegetación rompiendo el asfalto. Lluvias torrenciales, cada día a la misma hora al llegar la época, cortinas de agua cayendo del cielo que impiden ver más allá. Lluvias que no respetan nada, riadas que bajaban las calles, la furia de un agua vengativa que arrastraba junto con el barro parte de los ranchitos situados en las laderas del monte”.

Se podría seguir, pero creo que con estas notas es bastante para decirles a ustedes que deberían leer esta novela; la van a disfrutar.

Añado, que se me había pasado algo: editada por editorial Evohé. Lo cual también tiene su significación… en su colección “narrativa”.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a Carmen Peire: ” En el año de Electra”. Poner de pie al mito.

  1. No puedo resistir la tentación, es excesiva. A por él.

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