Las cartas de Roth-Zweig y el silencio de los intelectuales.

En un mundo como el de hoy en el que vivimos en Europa el colonialismo económico de Alemania hasta el punto de ser capaz de ahogar economías de otros países y derribar gobiernos para colocar en su lugar testaferros que bendigan las imposiciones desde Berlín, da asco leer las cartas de Roth y Zweig y pensar cómo el silencio de los cobardes siempre ha conseguido más que la oposición de las personas libres.

Vivimos un tiempo de oprobio, desvergüenza, manipulación y dictadura en Europa, auspiciada, protegida, amparada, por gobiernos cobardes y por empresas económicas al servicio de Alemania y sus lacayos.

Y en la Europa que vivieron Roth y Zweig los lacayos del nazismo, como hoy los del poder económico, se callaron.

Se calló Stefan Zweig, se conformó con publicar en editoriales nazis, se avino a lamer el culo de quienes le publicaban y se dedicó a dar consejos a Roth.

A Roth, un espíritu libre, un alcohólico lúcido que desde el inicio de la desvergüenza se dio cuenta de lo que estaba pasando, un irredento defensor del ser humano, de su dignidad; fuera o no judío.

A Roth, Zweig le llenó de consejos para que no bebiera y de donaciones económicas cargadas de reproches y de esto no puede ser, tiene usted que hacer un plan, tiene que cambiar, mientras las editoriales le engañaban, le daban una miseria como anticipo y encima le cobraban réditos. Eso sí, cuando se muere hablan de la excelencia de sus libros y de que los van a publicar “porque ahora se venderán bien”.  Los miserables siempre han poblado la tierra.

Afortunadamente Roth murió en 1939 y no asistió al oprobio en que se convirtió Europa. Zweig se suicidó en cuanto le “tocaron” a él las represalias. Hasta entonces había delinquido éticamente cuando quiso. Con Roth perdimos un escritor y un hombre libre. Con Zweig no perdimos nada.

Hoy, faltan otra vez Roth en Europa y siguen sobrando Zweig.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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