Anais Nin y la mancha. ( Diarios).

Anais Nin tiene unos diarios que se están publicando ahora completos, cuando menos curiosos. Los autores de la edición no han cortado nada, parece, de esa catarata de opiniones, ideas, introspecciones y apuntes a veces desordenados de la autora.

Esta mujer, para quien no la conozca mucho, fue hija del artista español Joaquín Nin, y llevó una atormentadísima vida, repleta de –por lo que llevo leído- sentimientos de culpa, fracaso y auto flagelaciones diversas sobre su modo de actuar.

El hecho de que los diarios no estén “aligerados” puede darnos una visión muy completa de ella, y a la vez, hacerlos como los hace, reiterativos y en bastantes ocasiones cansinos y monótonos. Su obsesión por el análisis de actos ajenos y propios, su reiteración sobre las motivaciones de lo que piensa, su vuelta al pasado continuada, cansan. Y no sólo eso, sino que aburren.

Nos cuenta en este tercer volumen su estancia en los EEUU; sociedad que no le gusta nada, que piensa uniforme, fría, impersonal e insensible, en la que no está cómoda y no encuentra el menor motivo de alegría. Las relaciones con sus conocidos americanos, se nutren continuamente de reproches, de pegas, de análisis de actitudes y de algo que me parece muy curioso: su entusiasmo por ciertas personas de las que se aleja en cuanto no puede llevarlas a su terreno, además de sus quejas de que la agobian. Es un personaje complicado: por una parte lo que parece querer es controlar las actitudes de quienes conoce y por otro lado éstos la toman por el pito del sereno y se aprovechan económicamente de ella.

Debo decir que, a pesar de ciertas opiniones suyas de interés sobre la narrativa, sobre la escritura, sobre el arte, a mí el personaje no me gusta nada. No me interesa su neurosis, ni sus amigos americanos, simplemente fagocitadores de su personalidad. Me aburre tremendamente alguien que parece ser se pasó la vida mirándose al espejo a ver qué manchita poder analizar. Creo, por lo que leo, que no tuvo vida propia, sino una máscara de ser incomprendido que le encantaba llevar.

Y no sé si compraré el resto de los diarios, sinceramente: prefiero dejarla ahí, en EEUU pensando en si la mancha crece o se ha quitado ya.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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