La presentación de Michael Harris en el Café Comercial de su novela “Frau Alcaldesa”, ediciones Evohé.

Me pasa que hay editoriales que me van gustando con el tiempo. Soy bastante lenta para tener una opinión digamos elaborada. Mucho más en un tiempo en el que confundimos editoriales con centros donde se imprimen libros. Y en el que hay una confusión generalizada entre los propios autores/as a la hora de dirigirse a unas u otras precisamente por eso. Es decir, por si son una editorial seria o no.

Ahora me dirán que qué es una “editorial seria”. Pues miren, una que no cobra a sus autores/as y les paga- cuando hay ventas, claro- sus derechos de autor.

Una es radical. Sabe que entre eso y el “me pagas toda la edición” existe esa zona de “grises” del “ tienes que vender cien”, “hacemos co-edición”, “ no te cobramos pero nos compras cincuenta”, y así siguiendo. Sé que en esa línea de grises hay cientos de editoriales. Presuntas.

Por eso digo que soy radical. Porque para mí no lo son.

HARRISDesde exactamente el año 2005 decidí que nunca más pagaría ni un euro por publicar. Y que desde luego nunca me auto publicaría. Y sé que, dado que estoy en esa línea de cientos de autores/as que no somos ni muy conocidos, ni tenemos marketing por medio, ni estamos dispuestos a hacer el pino con tal de que nos publiquen, en el mundo actual de la edición lo tengo, como muchos compañeros/as más, difícil. Y entiendo a mis compas, cuando me dicen que publican en una de ellas; entiendo que es una pequeña manera de hacerse visible, entiendo que se haga. No lo comparto, pero sí que lo respeto. Y a la vez lo mismo que hay editoriales que me van “des- gustando” con el  tiempo, las hay que me van gustando con el tiempo. Lo cual no quiere decir que deje de hablar de las primeras, tanto si el libro me gusta como si no me gusta. Y no por la editorial, sinceramente; por el/la autor/a: si me gusta, por recomendar su trabajo, si no me gusta porque creo que siempre es mejor una crítica negativa que al menos te hace visible, al ninguneo y el olvido que te hace inexistente; y por algo que me importa mucho: el respeto a los lectores/as que leen esa crítica.

Y una de las editoriales que me han ido gustando con el tiempo es Evohé.

Evohé es una editorial seria. Además de por lo que decía antes, porque tiene un sello propio, una personalidad propia como editorial, siendo sus libros de ámbitos y temáticas muy distintas entre sí.

Los que he leído y el que he ojeado (con los ojos) son libros originales, distintos y de personalidad autoral. He leído varios libros de Evohé; el de Mariano Zurdo, el de Carmen Peire, y el de Paola G. Sepúlveda entre otros. Tengo en modo espera el de Víctor Claudín y hoy he asistido a la presentación de la novela de Michael Harris “Frau Alcaldesa”, que presentaban en el Café Comercial de Madrid, Mariano Vega y Carmen Peire, acompañados del autor.

Por lo que allí se ha dicho, el libro es una sátira política en clave de humor corrosivo, que plantea una España intervenida por Europa y a la que llega a un pueblo muy pueblo una alcaldesa alemana para  sentar mando en plaza. En la presentación se ha hecho referencia a Twain y Thomas Sharpe como referentes del humor desplegado, por ejemplo.

Lo curioso de esta novela entre otras cosas es que la ha escrito un galés que lleva afincado en la sierra de Madrid desde hace más de treinta años. Digo curioso porque se ha hecho referencia expresa en el acto a que es una visión desde fuera; es decir, de cómo nos ve la alcaldesa y de cómo los españolitos la ven a ella teniendo en cuenta esta peculiaridad. Se habló en el coloquio de esto; de la forma de “ver y de mirar”. Me pareció muy sugestivo.

Y me pareció más sugestivo que esta es la primera novela de Harris, y lo que ha contado de sus propias dificultades con el idioma a la hora de escribirla.

Apuesta por contenidos y gente original Evohé. Y yo salí con la novela en la bolsa y con muchísimo interés por ella, por el autor y por quien le publica.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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3 respuestas a La presentación de Michael Harris en el Café Comercial de su novela “Frau Alcaldesa”, ediciones Evohé.

  1. Como compañero del mismo viaje (o sea no a la autoedición, no a pagar porque me editen), entiendo todo lo que dices, pero también entiendo otras opciones tan dignas o a veces más. Tampoco la autoedición o coedición deben ser sinómimos de menor calidad de la obra. De hecho hay autores que empiezan a plantearse la autoedición como una opción muy, pero que muy seria, pues saben que la visibilidad que tendrán es comparable a la de algunas editoriales gracias a Internet.

    En estos días que corren el asunto que plantea “Frau Alcaldesa” es más que sugerente, y acaso menos irrealizable de lo que a primera vista pudiera parecernos.

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  2. Miguel Mora dijo:

    Prometo una reflexión posterior ( ahora no tengo tiempo ) más larga sobre el tema de la autoedición. Sólo apuntar que al primer Lorca le pagó su padre las ediciones. Y a Proust, la familia… autoeditados, al fin y al cabo.

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  3. Miguel Mora dijo:

    Varios apuntes para completar lo anterior. Es lo ideal que a uno lo edite alguna de las estupendas editoriales ( y aquí me atrevería a decir que el tamaño no importa porque hay excelentes pequeñas editoriales, por lo cuidado de la edición o de la selección… ) que se dedican mucho más a la difusión de la cultura y a la difusión del libro que al negocio. También a la obtención de beneficios, aunque sólo sea para sobrevivir. El proceso de selección – o los seleccionadores – de libros no son perfectos. Existen errores históricos como el que se le atribuye a Barral no sabiendo ver desde el primer momento “ Cien años de soledad”. Lo mismo pasa con los modernos scouts más atentos a la facilidad con la que un libro puede penetrar en el mercado que a la calidad ( término este de calidad difícil de definir, igual que el de estética, arte etc. ) de los productos literarios. A veces este estudio mercantil es anterior y el libro se escribe por encargo.
    Contaba públicamente P. Reverte que hace años, un día, entrando en su editorial, en la que era estupendamente tratado – como merecían sus ventas – vio sentado esperando en un lugar poco preferente a un señor ya talludito que esperaba ser recibido por los directores de la editorial. Aquel autor era Saramago. Un escritor latinoamericano me contaba que un libro suyo estuvo en lista de espera cuatro años hasta que un alto cargo de Alfaguara reparó en que aquel manuscrito que tenía encima de la mesa merecía la pena ser publicado. La autoedición hubiera obviado estos inconvenientes. Bien es verdad que los autoeditados que no tienen dinero para pagar (a mayores de la edición ) a un corrector suelen – hartos de repasar y repasar – tener errores gramaticales que afean extraordinariamente el libro. El mismo García Márquez confesaba en alguna entrevista o conferencia los alivios que le producía saber que iba a ser revisado por otros.
    Antes, me refería a Lorca y Proust y no voy a insistir en ello. Quería simplemente llamar la atención sobre el hecho de que – edite quien edite el libro – no es eso lo fundamental. Decía J. Beuys “cada hombre un artista”. Porqué razón no podríamos extenderlo a “cualquier hombre un escritor “. No es asunto menor la incorporación al mundo de la escritura de un número superior de autores que tienen – merced a la autoedición – la satisfacción de tener, entre los libros de su librería, uno propio. Y de regalarlo a sus amigos. Algunos artistas empezaron de grafiteros y desde Basquiat los pintores de paredes iniciaron el camino a los museos. El archiconocido ejemplo de Van Gogh evidencia que ni la calidad ni en este caso el mercado – teniendo en cuenta, además la profesión de Theo – fueron capaces de situarlo en su lugar. Los talleres de los pintores – en cierto sentido podríamos decir que las telas, los cuadros, se autoeditan – están llenos de obras que pasarán a sus herederos, que casi nadie verá. Hasta que, en algunos casos y algún día – “ llegue la mano de nieve que sepa arrancarlos ”. La autoedición evita algunos anonimatos inmerecidos. Y ¿ por qué no pagarse ese capricho cuando se dilapida en cosas menos nobles? No es el medio, ni quién paga el que confiere importancia al autor, a la escritura.

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