Respuesta a Miguel Mora sobre su comentario de editoriales y Modos de editar. (en el artículo anterior pueden ver su comentario).

Respuesta a Miguel Mora sobre su comentario de editoriales y Modos de editar. (en el artículo anterior pueden ver su comentario).

Miguel, saludos. Gracias por tu comentario.

Quería responderte despacio y he leído un par de veces lo que dices.

Estamos de acuerdo en que en teoría lo que importa es la calidad literaria, independientemente de cómo sea la edición.  Pero eso es la teoría. Me explicaré; tengo experiencia en ambas facetas. Mis primeros dos libros fueron auto edición. Pagué toda la tirada por publicarlos. Me encontré con casi mil ejemplares en ocho cajas. Apáñatelas y corre. Esos dos libros tienen calidad literaria. Aunque esté mal que yo lo diga. Distribución: CERO.

He empezado a vender ejemplares de ellos sólo a raíz de publicar en una editorial “seria”. Al calor de Estampaciones y de El chico de la chaqueta roja, la gente se ha enterado de que tengo otros libros. Y se ha enterado porque en estos dos últimos, aun siendo pequeñas editoriales, SÍ ha habido distribución. Y la ha habido porque ha habido librerías. Y ha habido librerías porque la editorial HA enviado el libro; no porque yo haya ido “con el carrito” a decir “mire que yo escribo”. Que lo hice en los dos primeros y salvo mi librería de mis amigos de Alberti en el resto poco menos que me cerraron la puerta en las narices.

Está muy bien Internet, Miguel, para hacernos publicidad, para subir un e-book, o para explicarle a la gente que tenemos un libro autoeditado que es maravilloso, pero mi experiencia me dice que cuando pones en Facebook “ acabo de publicar este libro”, la respuesta suele ser: “ ¿ lo puedo comprar en mi librería?”…y si te autoeditas, la respuesta es: “Glups: no”. Porque ahí quien lo lleva a la librería es el “menda”, y el librero suele pasar como de…ya me entiendes.

Por otra parte, el asunto de la calidad es bastante matizable. Supongo que todos los autores pensamos que nuestro libro tiene cierta calidad.  Y es evidente que hay autores auto editados de gran calidad  y autores en grandes editoriales que son infumables. Yo no hablaba de que hubiera que asociar conceptos. Pero sí hablo de que un autor con muchísima calidad que se autoedita no tiene ni el cinco por ciento de difusión. No es verdad que los libros autoeditados se conozcan más, por mucha calidad que tengan: porque no tienen quien los difunda salvo los cuatro amigos del pobre-nunca mejor dicho- autor o autora.

Pero hay un tema que sí quiero tratar en profundidad: y es el intermedio, en el que “te cobran algo”, o compras parte de los libros, eso que se llama “coedición”.

Yo no pago por mi trabajo. Así de claro. Y escribir es un trabajo. Que cuesta horas. Tiempo. Esfuerzo. Días perdidos con frases. Lucha con la palabra hasta arrancar la verdadera. Yo eso no lo pago. Yo lo cobro. Porque un pintor vende su cuadro. Un músico cobra por sus canciones. Un escultor cobra por sus esculturas. Un fotógrafo vende su reportaje.

Y ¿ el escritor, no?… ¿ por qué?…

Verás Miguel, dejándonos de componendas; lo que sucede es que la gente quiere publicar, estar en la pomada, que se les lea, poder ir a “ un acto” y tener sus tres meses de gloria. Y para eso están las editoriales que afloran; publican a cambio de cobro, el autor vende 40 en una presentación, 22 en otra, en su pueblo 70, y le paga a su editor. Que se lleva el resto de la ganancia. Y al año nadie compra el libro porque al autor se le han acabado los pobres amigos que pueden comprar y el editor –por supuesto- pone de pantalla que “un libro tiene una vida muy corta”; o sea, que no le hace puto caso.

He visto de todo, amigo mío en esas “editoriales”. En las que, efectivamente, la “difusión” en red es hasta cansina, pero en las que a la presentación van diez-si van-. En las que cuando tienes buena voluntad como es mi caso y te vas a “la web” y pides el libro, tardan dos meses en enviarlo- si lo envían, porque a veces ni eso y te dicen que “es mejor que hables con el autor”-, he visto gente decepcionada, cansada, autoeditados que han dejado de publicitar hartos de la inutilidad o de la pregunta: “¿está en librerías?”…; gente a la que le han cobrado una pasta gansa, y que ha vendido en la única presentación que ha hecho y pare usted de contar;  gente que puede tener muchísima calidad, por supuesto, conozco decenas de casos, pero les falta algo IMPRESCINDIBLE en este mundo de los libros: una distribuidora que funcione. Una editorial de verdad. Librerías.

El tema da para mucho. Por eso lo he querido escribir como artículo al margen de tu comentario. Recibe un abrazo grande y disculpa- tú y mis lectores/as- porque he escrito según salía y, por una vez, no corrijo.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a Respuesta a Miguel Mora sobre su comentario de editoriales y Modos de editar. (en el artículo anterior pueden ver su comentario).

  1. Miguel Mora dijo:

    Gracias, Alena, por tu respuesta. Estoy, además, de acuerdo con lo que dices. Sobre todo en el aspecto – importantísimo – de la distribución y del papel de las librerías.

    Sí es verdad que se pueden comprar los libros autoeditados ( en papel o ebook ) . El problema más gordo yo lo veo en la falta de publicidad, de darlo a conocer y, desde luego, el apoyo y el cariño que te pueden prestar los editores o los libreros y el “ apáñeselas usted ” de los Editoriales de autoedición que una vez que han cobrado “ si te he visto no me acuerdo”.

    Sólo insistir en que la autoedición permite publicar ( aunque en muchos aspectos de manera menesterosa ) a gentes – a autores ¿ por qué no? – que no tendrían oportunidad de hacerlo de manera convencional.

    Tu frase “ yo no pago por mi trabajo” es estupenda. No sé debe pagar por ningún trabajo, es verdad. Lo que sucede es que “ la creación” es un trabajo con algunas características especiales. Es algo más que un trabajo. O, a veces, un trabajo que también se convierte en un placer. O en una adicción. Respetable adicción. Y permíteme, Alena, creer que tú misma no dejarías de escribir aún sin cobrar.

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