Fernanda Trías. “La ciudad invencible”. Como cebar un mate mientras atardece.

Llegué a este libro en una de esas presentaciones de otros libros en las que coincido con amigos. La verdad es que no conocía nada de la autora.

Andaba brujuleando por la librería, Cervantes y Compañía, un sitio que me gusta porque tienen libros alejados del best seller generalista, aunque también los tengan, cuando me saludó Eloy Tizón y mantuvimos el típico rato de charla antes del acto; comentando gustos similares me habló de Fernanda Trías, en la línea- me vino a decir- de un tipo de narrativa que nos interesa a los dos.

Aquella tarde no compré nada; en las presentaciones de libros es complicado que el librero esté a otra cosa y yo no quise molestar, pero volví unos días después y entonces sí, compré La ciudad invencible. Editada por Demipage.

Libros sobre ciudades hay a carretadas, y sobre Buenos Aires a cientos. Basta recordar los clásicos para poder hacer una lista considerable; y capítulos enteros sobre ellas insertos en biografías autorales, libros de viajes, etc.

Buenos Aires siempre da juego, por así decir.

Pero este libro es distinto al habitual sobre ciudades. Aquí lo que se nos cuenta es una ciudad que se vislumbra a través de levedades, de una vida propia que se inscribe en la ciudad de un modo camaleónico; Buenos Aires es en tanto Trías la palpa; como una segunda piel que a veces rechaza y a veces se adapta. No hay una descripción de la ciudad como tal; la vemos en lo que le sucede a la protagonista, en sus actos, en sus relaciones personales, en sus departamentos de mugre, ruidosos o impersonales, en las reuniones de droga, alcohol y sexo. En los ómnibus a través de los que vemos las calles, en el miedo del extrarradio, en los desencuentros amorosos y en el maltrato de alguien a quien no vemos – el Rata- que marca acciones y reacciones de la novela, en el recuerdo del padre muerto y sus dichos, en Marita, Graciela, Samuel, Baigorria…

Es una ciudad de sol crudo y de tonos mates, gris sobre tejados, una ciudad que está sin necesidad de hacerse explícita, en los giros del lenguaje, en los dichos, en el quioskero, los vagabundos, los borrachos, los barrios y nombres de sus calles;  Palermo, Medrano, Rivadavia.

Todo ello con un lenguaje en tono menor, depurado, minimalista, apenas alusivo y a la vez muy directo.

Me ha gustado mucho este pequeño libro de apenas 130 páginas. Su forma de contar, su forma de hacer visible una ciudad dentro de quienes la habitan, su propuesta de escritura sin impostaciones, lenta, delicada; como cebar un mate mientras atardece.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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