“Siete Casas vacías” de Samanta Schweblin: la realidad del escalofrío.

Me ha interesado mucho el libro de Samanta Schweblin  Siete casas vacías– premio Ribera del Duero-, editado por Páginas de Espuma.

Lo ha hecho por su forma de narrar y por los temas que toca. Y también me ha inquietado aunque esto último es subjetivo : como sensación o percepción lectora.

Me ha interesado porque la autora basa la narración en eludir explícitamente explicar qué es lo que en realidad sucede, dejando a quien lee en un dilema inquietante: ¿ cuál es en realidad la “realidad” de lo contado?… es decir, ¿ debe el lector llegar a una última conclusión tan inquietante como se apunta en los relatos o quedarse en la frontera?…

Esto es lo magnífico de estos cuentos; que plantean la complicidad del lector para que sea quien asuma el escalofrío.

Porque son cuentos escalofriantes. En situaciones que llegan a crear atmósferas opresivas donde o bien todo ha sucedido “antes” pero sólo lo sabemos al final- la respiración cavernaria– o bien está sucediendo sin que los protagonistas puedan detenerlo o sean conscientes de lo que ocurre; sean conscientes de que la situación es un paroxismo de irrealidad o de locura- nada de todo esto-.

Estos relatos plantean en mi criterio dos temas muy sugerentes en literatura: los límites de lo que llamamos “ mundo normal” frente a la locura, y la frontera entre la realidad y lo percibido como real.

Schweblin lleva a sus personajes al precipicio de un abismo terrorífico: terrorífico porque a menudo no conocemos sus procesos más íntimos. La autora parece preguntarse, ¿ dónde hallamos el momento en el que el umbral de lo percibido es imaginario o inexistente?…

La escritora desarrolla una inquietante teoría sin expresarla de modo explícito: lo que sucede o es creado a través del pensamiento de alguien, existe, aunque el resto no lo perciba ( el hijo muerto de la vecina que sin embargo visita a uno de los personajes de los cuentos).

Todo ello hace de estos relatos partícipes de una larga tradición narradora afincada en lo extraño, lo insólito, lo sobrenatural, o la simple locura.  Y además con una técnica narrativa basada en la elusión, la  semantización de señales para situar al lector- a veces una palabra, o una breve frase son las que dan la “pista” de qué estamos en realidad leyendo- y la brevedad sígnica.

Las “Casas vacías” son casas en las que siempre habita la ausencia, los hechos que no queremos recordar, los miedos más soterrados, los actos más ruines. Por eso en este libro Schweblin las ha llenado de fantasmas: con voz y con personalidad suficiente para cerrarlo con un escalofrío.

Excelente conjunto de relatos que les recomiendo.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a “Siete Casas vacías” de Samanta Schweblin: la realidad del escalofrío.

  1. Huele a lectura obligatoria en esas noches invernales, propicias para dejarte ‘calentar’ por cierto terror.

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