“Estación de cercanías” de Juan Malpartida. La filosofía superficial.

Tengo un verdadero problema con la filosofía. Subjetivo y de carácter personal. No leo a filósofos. Me aburro muchísimo con lo del ser, el ente, la contingencia, la ontología y el resto de abstracciones. Tengo unos cuatro mil libros y creo que no llegan a dos o tres que sean de filósofos. Tuve bastante con Kant, Hegel, y el resto durante los insufribles años de bachillerato en los que o te sabías sus teorías casi de memoria o te suspendían. Y me temo que salí de aquello como con las matemáticas: una y no más.

De hecho en el examen de selectividad me dieron a elegir entre un tema de arte –que dominaba menos porque era muy extenso- y Kant, con aquella cosa tremebunda del imperativo categórico -que vaya usted a saber ahora lo que sea, pero que entonces me sabía de memoria-  y, con tal de no dormirme la siguiente media hora elegí el Gótico.

Sentadas estas premisas que, ya digo que son subjetivas, es lógico que el libro de Juan Malpartida, Estación de cercanías, me haya aburrido en un ochenta por ciento.

Este libro es un dietario del autor entre 2012 y 2014, que él tuvo la gentileza de dedicarme cuando lo compré en la Feria del Libro.

Solo que no es un dietario sino un conjunto de reflexiones en su mayoría filosóficas que traslada a los lectores. Como tal conjunto abarca temas de su interés, como el lenguaje, el tiempo, la relación entre la realidad y la apariencia, el papel de la ciencia en el mundo contemporáneo, y sobre todo la conciencia del ser humano de su propia conciencia y de su finitud.

El libro está escrito en un lenguaje que oscila a mi modo de ver entre la naturalidad de algunas entradas del diario y cierta tendencia en otras al lenguaje abstracto con referencias al múltiple bagaje lector del autor, que no siempre tienen por qué compartir sus lectores.

Yo creo que Malpartida ha escrito un libro algo desigual; se queda a medias entre una reflexión filosófica pura, que hubiera interesado muchísimo a los aficionados a la filosofía, y un cierto intento de “vulgarización” (en el sentido de llegar a todos) de lo que reflexiona.

A mí subjetivamente me ha aburrido. Pero no tiene por qué aburrir a quienes estén interesados en este tipo de reflexiones.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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