Soledad Puértolas. ” El Fin”. La sobriedad de contar.

En el sucesivo desfile de narradores/as que pasan por mi lectura hay de todo. Buenos, medianos, malos, rematadamente malos y también excelentes.

Me llegan libros de todas las formas posibles; envíos, compras, regalos, presentaciones, Ferias. Leo mucha más narrativa que poesía, quizá porque en poesía tengo absolutamente claro qué NO quiero leer de ninguna manera y en prosa abro mucho más el abanico a la posibilidad de que sin ser nada del otro mundo tenga algo reseñable. En poesía no me sucede: en poesía o me encandila-perdonen el palabro-, o me convence completamente o no me gusta nada. Radicalismos de una.

Pero de vez en cuando me hace falta leer un libro que pueda calificar de magnífico sin peros. Sin medias tintas. Sin dejar entre líneas al lector/a que ya me conoce el avisillo del “allá tú si lo lees”.

Y Soledad Puértolas en El Fin, ha escrito  un magnífico, acabado, completo, redondo, elaboradísimo libro de relatos.

En redes ayer lo calificaba yo de “ tersura narrativa”. Tersura y sobriedad. No le hace falta a la autora alzar la voz, simplemente narra. Cuenta historias.

Historias mínimas; un incidente con un perro, un maltratador que por casualidad no llegó a serlo con la protagonista, la decepción de un literato de provincias- este relato, “laureles”, muestra sin necesidad de ser explícita toda la gama de miserias habituales en el mundo de la “pequeña literatura”-, el miedo a crecer – en “Las Tres Gracias”-,  las sucesivas formas de afrontar la adolescencia- “El dandi”-,  la inseguridad en sí mismo- “viejos amigos”-.

Y estas historias mínimas, basadas en hechos concretos, en los que se entra directamente en lo que está sucediendo, a la vez dejan elusivamente implícita la verdadera significación del relato. Por ejemplo en la última frase de “viejos amigos” es donde quien lee entiende toda la capacidad de sentir miedo de quien narra.

El lenguaje le sirve a Puértolas sin aderezos para ser significativo; Puértolas no engaña a quienes leemos; nos explica una historia sin juzgarla, nos deja la posibilidad de pensar en ella pero nunca utiliza trampas para el lector, éste/a siempre sabe que la autora nos va a ser fiel.

 

En este 2015 en el que otra vez nos inundan las novedades en narrativa y en el que a veces hay que hacer ejercicios de saltimbanqui para encontrar algo positivo en determinadas obras, este libro de Puértolas es un lujo.

Y a ver para cuando el Cervantes, dicho sea de paso.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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