Intelectuales y la opinión.

A cuenta de un escrito mío en Facebook, acerca del silencio de los intelectuales sobre los temas que yo creo sería interesante que dieran su opinión, una comentarista alude a ciertos nombres asiduos a tertulias. Le respondo que cuando hablo de intelectuales no me refiero a “sabandijas”, y luego me quedo pensando.

Pensando que mal vamos todos si al referirse una a los intelectuales, se toma la cosa en lo alicorto y lo primero que viene a la cabeza son los nombres de extraños personajes cuyo único papel en la vida es trepar.

A una le gustaría que existiera una mayor altura de miras, no solo en los intelectuales sino en la gente, a la hora de hablar, de pensar, de proponer, de opinar.

Me refería yo al escandaloso silencio de quienes en teoría deberían crear eso que se llama opinión, siendo ésta al menos si no referente, sí a considerar. Y decía que ese silencio me parece una vergüenza.

Y cuando la respuesta es citar a los miserables personajes de tertulias infectas, lo que creo es que, definitivamente hemos perdido no solo toda referencia ética de qué escuchar, qué atender y qué leer, sino el oremus.

Y no es baladí.

No lo es porque vivimos tiempos de ignominia, de vergüenza y de humillación que debería crear al menos la conciencia necesaria de que o entramos de lleno en los problemas de Europa, de América Latina, de la emigración, de los gobiernos que venden armas a países que después las usan para asesinar a sus civiles, del secuestro de la libertad democrática por los bancos- Grecia- imponiendo gobiernos desde Alemania, por citar algunos ejemplos, o entramos de lleno en eso y no con comisiones sino con proyectos de vida en común, repensando qué civilidad queremos ofrecer, o, con perdón, entraremos si no estamos ya, en la época más oscura desde la II Guerra mundial.

El racismo, la xenofobia, la homofobia, vuelven a presidir Europa. Miles de refugiados que a ella intentan acceder son detenidos en fronteras, con vallas, muros, perros, cuchillas. Cuando no mueren en el intento, mueren ahogados, baleados, asfixiados. Cuando llegan son rechazados como animales peligrosos.

Si este nuevo Éxodo no es considerado genocidio por quienes tienen –aunque les moleste a sus cómodas conciencias satisfechas de acomodo- la facilidad de poder escribir, hablar y denunciar en lugares donde son oídos, estarán traicionando su tarea habitual, de escribir, pensar, hablar por quienes no tienen voz.

Reducir esto a “los tertulianos”, como hacía mi comentarista, con la mayor buena fe, es como querer resumir el Quijote diciendo que habla de uno que se vuelve loco por leer.

No reduzcamos: exijamos que cada quien esté a la altura del tiempo en el que le tocó vivir. Recordemos lo que le dijo Josep Roth a Stefan Zweig cuando éste, abrumado porque los nazis habían entrado en su casa se quejaba: “¿Ahora te quejas?…ahora es demasiado tarde”.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
Esta entrada fue publicada en Dando el Espectáculo. Guarda el enlace permanente.