María José Vidal Prado. Una tendencia sugestiva.

Llevo bastantes días oscilando entre varias lecturas y sin definir algo fijo. Quiero decir que me empantano en los libros que tengo a medias y me temo que al final los voy a dejar. Ha tenido mucho que ver una serie de factores; el primero que no termino de encontrarme bien y en vez de leer me pongo a ver películas que me exigen menos; el segundo que andaba acabando mi propia novela y me tenía bastante ocupada hasta que terminé.

Viene esto a cuento porque el libro que ahora he terminado no era de los que estoy a medias, sino uno distinto; lo cogí para desatascar y la verdad es que ha sido una bendición, perdonen la palabra. Es un poemario. De María José Vidal Prado, editado en Ediciones Vitruvio.

Historia de un jardín muerto y de un pájaro rojo, es un excelente poemario. Lleno de sensibilidad, delicadeza y lirismo.  Sensibilidad significa capacidad para acercar su mundo interior al lector, con delicadeza me refiero al uso sugestivo y expresivo del lenguaje cuidando en guardar el tono adecuado a lo que cuenta, y hablo de lirismo porque la autora en cada poema es capaz de trascender la anécdota a la generalidad de lo que se expresa.

El poemario está dividido en cuatro secciones mas un prólogo.

Con una simbología expresiva y metafórica que se presenta desde el principio: el jardín como lugar perdido, el pájaro como el transgresor al que se desea y quizá se teme, este libro es la historia de una pérdida. De todo aquello que quisimos ser, que pudimos haber sido , que nos acecha ya desde el futuro, sabiendo que se perderá.

Tiene un tono de luz interior este libro, de nostalgia leve entre lluvia gris de otoño, de camelias ajadas. Escrito en verso libre- algo que una gran parte de “poetas” ni sabe  que existe salvo cuando lo usan como excusa para cometer torpezas- la autora- que sabe perfectamente cómo se utiliza- guarda la eufonía, musicalidad y cadencia propia de esta estructura.

Por el poemario desfilan sombras, rosas ajadas por el tiempo, fantasmas del pasado que nos habitan y ponen “flores en mis labios”, niños que podrían haber sido otra cosa ( “soy la estatua de plomo en el jardín de nadie” ), la vida que nos da miedo porque  “ la muerte ya había sucedido”…y en este mundo de ayer, perdido y ajado, sobrevuela el pájaro rojo; la búsqueda, la esperanza de alas con que burlar a los fantasmas y a la muerte: “ si estoy aquí, fuera del cuadro, viéndome”.

Hay que saludar con alegría este poemario. Primero porque incide en formas expresivas  y temática que algunos otros Poetas- pocos pero excelentes- andan investigando: la interioridad como forma de libertad, el deseo de desde dentro encontrar la libertad, la búsqueda de la expresión tanto formal como de significado que revalorice al Poeta y a la Poesía como expresadora del mundo personal que deviene en trascendencia y no en anécdota. Y en segundo lugar porque es indicador de una tendencia que, a mí, me parece muy necesaria: el respeto escrupuloso al lenguaje lírico.  Lo estamos perdiendo por querer ceñirnos a “poetizar el mundo exterior” y creer que eso se hace mejor usando un lenguaje común. Y no. Dejen los poetas que quieran serlo el lenguaje común para el panfleto: la poesía, es otra cosa.

 

 

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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