Símbolos morales de Fernando Clemot

He tenido mis dudas antes de escribir esta reseña, y antes de publicarla, porque en este caso conozco al autor del libro y me parece un buen escritor y además una buena persona.

Pero a mí Polaris, de Fernando Clemot me ha aburrido. Y me ha aburrido profundamente.

Tenemos un barco que no sabemos, ni los protagonistas tampoco, a dónde va, regido por unas cartas de navegación disparatadas y en él, en el barco, a un tipo al que le someten a un interrogatorio feroz y kafkiano. Y vamos a través de eso sabiendo y no sabiendo- porque el protagonista tiene fallos de memoria y confunde hechos y personas- de una historia oscura, con muertes incluidas, con traumas y con indecisiones que llevan, parece, a un desenlace agónico.

Y sucede que en el final de la novela lo que concluimos es que “todo es un experimento”. Es decir, que el protagonista y el barco han sido sometidos a una experiencia experimentativa para saber hasta dónde llega el comportamiento de los moradores del barco. Eso, añadido a un discurso final sobre la banalidad del mundo, los apocalípticos senderos en los que está envuelto y la miseria moral que nos acoge.

Y no puedo evitar pensar que para este viaje no necesitábamos alforjas. Y sentirlo, porque a mí me cae bien Fernando Clemot, pero su libro me decepciona narrativamente. Hay demasiado discurso por medio, demasiada solemnidad, demasiada moralina en este libro.

Me parece interesante como experimento narrativo, pero me falla como literatura.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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