Lo maravilloso de estos libros maravillosos.

Una buena amiga escritora, María José Vidal Prado, pone hoy en su muro de faceborrico  lo que transcribo: “Veo un anuncio de un libro de alguien que dicen que es maravilloso, entro en su blog y, tras dos entradas llenas de erratas o faltas de ortografía, me voy, a otra cosa, mariposa”.

Aparte de contestar allí lo que me parece, me deja pensando. Pensando en varios temas contradictorios que voy a ver si sé definir aquí.

La mayoría de los escritores/as con los que trato pertenecemos a la categoría de mediopensionistas. Es decir, en mi definición: no vivimos ni viviremos probablemente de la literatura, hacemos lo que podemos buenamente entre nosotros para publicitar nuestros libros, contamos cada uno/a con un par de librerías- dos, tres, quizá algunas más en los mejores casos- que nos hacen el favor de tener nuestros libros y hablar alguna vez de ellos en redes, publicamos en editoriales independientes- eso quiere decir sin puto dinero, de pocas personas al frente, que hacen lo que pueden y que en muchos casos no existen para los medios oficiales-, y en general, intentamos que no nos peguen un tiro por querer ser más visibles.

O sea, que, como quien dice: no somos nadie.

Y en este no ser nadie, cada uno es de su padre y de su madre. Y en este “ser” hay gente que pertenece por vaya usted a saber qué extraño caso de afinidades al sector del “digo que lo tuyo es excelente si tú dices que lo mío también lo es”. Y aquí aparece inmediatamente la función de lo “maravilloso”.

Miren ustedes: ninguno de nuestros libros es “maravilloso”. Maravillosos son la Gaite, la Chacel, Aleixandre o Mircea Cartarescu. Nosotros sobrevivimos. Intentamos escribir con cierta dignidad, que nuestra editorial no se lleve las manos a la cabeza por haberse arriesgado con nosotros, que no nos estafen las editoriales del “compra tus ejemplares”, y que a las presentaciones que hacemos vayan más de diez personas: si van 20 nos parece un éxito y si van más lo ponemos en faceborrico como si nos hubieran dado el Nobel. No somos maravillosos. Y nos puede doler una enormidad, pero lo sabemos.

Es entonces cuando pienso en el daño que se hace a lo de escribir, cuando nos ponemos a largar este estilo de elogios así por las buenas, “porque es amigo/a y cómo no ayudarle”. Se puede ayudar con una crítica digna. Se puede ayudar diciendo que tenemos ya el libro de fulanito, se puede ayudar diciendo que me ha interesado, pero en el momento que usamos el ditirambo, estamos cometiendo una injusticia enorme con decenas de miles de libros que, a lo largo de la historia, sí han sido maravillosos. Digamos lo bueno, y lo malo, porque callarse lo malo es injusto para lo que merece la pena, pero no usemos las hipérboles para libros que lo más probable es que dentro de cien años no recuerde nadie. Entre ellos, los míos añado; que, desde luego no son maravillosos ni falta que les hace. Yo al menos me conformo con que sean dignos de sus lectores/as.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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2 respuestas a Lo maravilloso de estos libros maravillosos.

  1. Totalmente de acuerdo Alena… me apunto a ese carro de escritor no maravilloso pero sí, al menos, digno (o esforzándome por serlo)… Por tanto no voy a decir que tu artículo es maravilloso, pero desde luego está muy bien escrito y ahonda en una realidad que muchos conocemos y, a pesar de algunos sinsabores, seguimos aquí con nuestros escritos y nuestras ilusiones (nada maravillosas)… Un abrazo.

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  2. Qué extraños los no maravillosos que a pesar de saber nuestra no excelencia, pugnamos afanosos por seguir en la brecha… ¿Por qué, para qué…?
    Y otro añadido. Tampoco todos los reconocidos y voceados por los altavoces con el mayor número de decibelios son maravillosos. ¡Cuánta falta nos hacen más Carmen Martín Gaite!

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