“Los Desayunos del café Borenes”. Mateo Díez, mi familiar periodista y la crítica literaria

 

Tenía yo un familiar, periodista, al que fui a ver cuando terminé mi carrera en la facultad; estaba ya jubilado, pero de él obtuve unas palabras que aún recuerdo porque me confirmaron lo que ya intuía.

Hablábamos de crítica literaria que era- pobre ángel- lo que yo quería hacer, y al comentarle de alguna lectura se me ocurrió decir sin pensar: “se leen las primeras 30 páginas y sobra”.

Me quedé cortada pensando si habría metido la pata, cuando, sonriéndose me añadió “Un libro que no tiene calidad en sus primeras 30 páginas no la adquiere después; pero uno que la tiene puede desmejorarse mucho”.

Con eso me afirmaba en algo que yo por entonces no me atrevía a expresar porque era muy joven y me daba corte según qué cosas; que si un libro no tiene calidad no es necesario acabarle. Que se pueden dejar los libros a medias sin el menor reparo, vaya.

Es lo que he hecho hoy con Los Desayunos del Café Borenes, de Luis Mateo Díez.

El volumen trae esa novela corta y otro texto titulado “recuento” en el que el autor nos explica cómo escribe él.

La novela corta…a ver si yo me sé explicar; la novela corta a mí no me ha parecido de Luis Mateo Díez. Es un conjunto de retazos de charlas en un café, sobre literatura. Y esto podría ser interesante, pero es que aparte de su falta de hilazón,  las incorrecciones sintácticas terminan por hacer desaparecer el sentido de lo que se dice. Para ser vulgar: hay frases que están inacabadas sintácticamente, hay frases que están repetidas en siguientes escenas, hay un estilo excesivamente pedestre al narrar, falto de vuelo, sin el menor interés narrativo. Es como si Mateo Díez hubiera hecho un esquema y le hubiera dicho a alguien: “acábalo tú”. Conste que no digo que sea así, digo que a mí, como lectora me lo parece. Córcholis, si es que hay frases que parecen un ejercicio escolar, o de taller literario. Y aquí entronco con el comentario de mi familiar periodista; apenas llevaba 30 páginas cuando me di cuenta de que no; que no podía ser, que el libro es muy malo literariamente aunque su autor sea un escritor de prestigio. Y dudé; entre dejarlo o seguir. No lo acabé, pero sí continué hasta la página sesenta y tantas: y ahí ya sí me paré porque la cosa seguía igual, y mi familiar seguía teniendo razón.

El segundo texto mejora un poco la cosa. Es sin embargo repetitivo, reiterativo, y viene a contar lo que es para él la escritura. Lo que sucede es que eso lo ha contado en el primer capítulo y el resto es mera vuelta a lo que ya nos ha contado, que tampoco añade mucho a lo que de él sabíamos; que para él hay que partir de la memoria y de la experiencia personal. Una piensa en tantos autores que sin salir de su casa escribieron mundos que jamás verían y se aturde un poco.

Acabo la reseña pensando si a mis 26 años, cuando fui a ver a José María Fernández Gaytán,  me hubiera atrevido a escribirla así…

 

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a “Los Desayunos del café Borenes”. Mateo Díez, mi familiar periodista y la crítica literaria

  1. Ay! ¿Será verdad entonces que todo buen escribiente echa un borrón?

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