Kike Parra . “Me pillas en mal momento”.

Termino de leer a Kike Parra . Su libro de relatos Me pillas en mal momento.

Lo ha publicado en un proyecto editorial que basa la publicación en los talleres literarios que imparte. Hablaba hace días con Quique, cuando vino a Madrid, y le comenté mi rechine completo hacia ideas similares; no porque me parezca mal o bien que él publique ahí, faltaría más: cada uno tiene derecho a intentar publicar de la mejor manera posible. Sí tengo todos los reparos del mundo en plantear una editorial bajo la premisa de que sus autores/as sean exclusivamente alumnos de su taller. Entre otras cosas porque pagan por publicar- mediante el pago del taller- y porque es de suponer que salvo quienes tengan dinero para pagarse el taller nadie más va a publicar con ellos. Aparte de la idea que ya he expresado en otras ocasiones de que un taller te puede enseñar a juntar palabras con cierta técnica, pero nada más; y con la cierta técnica de “ese taller”. Con lo que se corre el riesgo de asistir después a talleres tipo corte y confección en los que el resultado –los libros- salen cortados por el mismo patrón en ese caso de ideas escriturales.

Son maneras que hoy se utilizan con harta asiduidad, y que, a mí, no me parecen que tengan excesivo futuro: a no ser que los/las autores/as sean futuros premio nobel, pero entonces igual no necesitan taller.

De todo eso hablé con el autor y se lo comente; me parecía mejor que supiera cómo pienso antes de leer mi posible reseña de su libro.

Con todo eso, y aparte de eso, el libro de Quique Parra es un libro de relatos  más que correcto, digno y que se sostiene literariamente hablando. Son relatos de perdedores. De personas a las que la vida les ha tratado mediocremente mal, por así decir; han tenido o tienen los conflictos cotidianos pero ellos, cuando los tienen, siempre están en “un mal momento”; es decir, en situaciones en las que la vida les pone frente a un dilema y actúan también como perdedores.

Son personajes en ambientes grises, de trabajos anodinos o estresantes, con relaciones atascadas y sin salida, en ciudades y carreteras sombrías. Una atmósfera opresiva siempre en medio de lo cotidiano. Y no se enfrentan, o si deciden se encharcan aún más en esa opresión.

En los textos siempre hay un contrapunto curioso: los animales. El autor realiza siempre un juego expresivo muy interesante entre el destino de los personajes y el de los animales que aparecen; como queriendo decir que ambos son arrastrados por las circunstancias de la acción, de la situación, que ni siquiera ellos pueden salvarse cuando llega ese “mal momento”. Sólo en “el olor de las mujeres que han sido madres” , con la identificación final de los personajes, una mujer y una perra moribunda, parece haber una salida del túnel.

El lenguaje de los relatos es conscientemente distante y objetivo. No se juzga. No se opina. El narrador o la narradora aunque sean los protagonistas de la propia historia, simplemente narran. Simplemente expresan lo que sucede. Un tono minimalista en el que el ambiente está expresado en sustantivos  o verbos mucho más que en adjetivos. Un estilo de narración desprovisto de subjetivismo. Ello los hace ser textos muy cinematográficos, por así decir: como pequeñas escenas en las que una cámara fuera fijando los puntos de atención en los que nosotros debemos reparar.

Hay influencias o reminiscencias de autores de sobra conocidos, como Faulkner o Carver en estos relatos, y también a veces asoma un tenue Marsé, en “Joe”, por ejemplo.

Siendo este el primer libro de cuentos, como se dice en la portadilla, del autor, una se atrevería a esperar bastante de los próximos. El libro es interesante, se adivina un esfuerzo enorme de elaboración y un pulido del lenguaje muy consciente: también es muy estimable la intención del autor de decir sin explicitar lo que se dice; de dejar un silencio para que lo rellene el lector/a en muchos relatos.  También, siendo una como es, no puede por menos de decir que le gustaría que el autor, que dice ser gran lector de Virginia Woolf , Yourcenar o Benedetti, llegara a un mayor sincretismo lector aplicable a sus propios escritos.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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