Lydie Salvayre: “No llorar”. Un remedo para sí llorar.

De los últimos Premios Goncourt he leído Tres Mujeres fuertes, Nos vemos allá arriba y No llorar, éste último de Lydie Salvayre.  El primero de ellos me pareció una excelente novela, con fuerza dramática, magníficamente estructurada, de gran sobriedad narrativa y exquisito lenguaje. El segundo , de Lamaitre, me pareció una novela digna que a partir de más o menos, la página 150 decae en interés.

Tenía curiosidad por el libro de Salvayre, contando la historia de su madre, una exiliada republicana; había leído que su lenguaje imitaba por ejemplo la peculiar forma de hablar español de su madre, y que era una historia muy “vivida”.

No he pasado de la página 45 de este panfleto sobre la guerra incivil. Lo malos que son los fachas, lo buenos que son los rojos, lo malísimos que son los burgueses y lo santos que son los “hijos del pueblo”.

Mira que soy de izquierdas…pero los panfletos doctrinarios me parecen bien en los mitines de propaganda electoral.

La historia es aburrida. Personalista. Tipo “ mi mamá y sus amigos contra el mundo”. El pretendido lenguaje recreado ni siquiera se acerca a lo meramente literario. Con todos mis respetos personales, literariamente hablando el lenguaje de la madre es el de una analfabeta. Y no digo que lo sea realmente, pero aparece así. Naturalmente para hacerse “perdonar” la cantidad de expresiones que recrea aparecen éstas en negrita; no vaya a ser que pensemos que la autora escribe “así”. El asunto es que la autora tampoco se luce mucho a la hora de exhibir lenguaje. Puedo entender que se recree el habla de los personajes; lo que no entiendo ya del todo  es que el propio escribir del autor/a sea un remedo. A mí al leer me recuerda ese tipo de charlas entrecortadas de café con alguien que quiere contarte su vida en diez minutos y no le da tiempo.

Todo esto sería asumible quizás si estuviera al servicio de una historia que no se ciñera al “lo que le pasó a mi pobre madre”. Es decir, que, de alguna manera, el lector/a, que no tiene porqué empezar de entrada a leer pensando “a ver qué le pasó a la pobre madre de Silvye”, sino que piensa en leer una novela, biográfica o no, encontrara en ella motivos generales, trascendiendo esa anécdota, para leer. Exiliados hubo miles,  asesinos unos cuantos miles, en la guerra incivil, pero si lo que nos cuentan es que unos eran muy buenos, otros demonios con las patas verdes y que mi mamá lo pasó muy mal porque no quería ser sirvienta del señorito, pues probablemente en vez de escribir una novela lo que se ha escrito es un infumable esperpento que da ganas de sí llorar. Como en este caso.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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