La tercera España.

En redes he escrito este breve artículo que les comparto en este blog para aquellos que o no las frecuentan o no me leen por ellas.

Vivir en España manteniendo la cabeza fría hoy es para ánimos templados. Hace meses que vengo pensando mucho en la gente a la que se llamó la Tercera España. La que en exilio interior o exterior quería otro tipo de país. La que vio en los propios con quien se mostraba afín los mismos males que criticaban en otros. Esa que se mantuvo de pie en sus ideas de reflexión, de sensatez y de diálogo.

Vivo en un país en el que desde hace décadas, muchas décadas no existe lo que ha venido a llamarse “visión de Estado”. La visión que aquí tenemos de los problemas públicos se adelanta en el futuro como mucho a saber si al amigo del partido le van a dar la concejalía que me había prometido a mí, o el contrato de obra a la empresa que dirijo.

No existe proyección de futuro. En ninguno de los ámbitos que pueden ser importantes para el desarrollo de España. Se quiere legislar para cuatro años y cuando cambia el panorama político se derriba todo lo anterior y se hace de nuevo.

Es como vivir eternamente en una casa que para construirse lleva décadas poniendo y tirando los cimientos, y mientras haciendo que se hacen paredes con grietas que se caen a pedazos.

No hay en ningún partido el menor interés por lo que será este país en el 2036, por ejemplo. Les pilla muy lejos.  Para largo me lo fiais, dirán. Allá los políticos del futuro con sus compadreos.

 No hay un proyecto educativo de todos desde nunca. Desde que se instauró la mal llamada Transición la educación sólo ha sido un arma arrojadiza para hacer españoles/as ignorantes, cada vez más incultos, más analfabetos y menos libres; entre otras cosas porque ni uno solo de los gobiernos que hemos sufrido se ha ocupado de que los escolares hayan aprendido a aprender, a criticar y a poner en duda.

No hay un proyecto cultural desde hace décadas. La cultura desde la Transición ha sido elitista, cara, desigualadora, confusa, relativista porque ha confundido cultura con valor y precio, y sobre todo ignorante de lo que no es políticamente correcto y por el lado contrario también apoyadora de manifestaciones puntuales que siendo transgresoras no pasaban de intentos de aprendices. O nos hemos pasado ninguneando o no hemos llegado enalteciendo bodrios. Y esto, como digo durante décadas.

No somos un país de ciudadanos libres porque el poder estatal y el poder de los empresarios se ha ocupado de monopolizar todos y cada uno de los sectores que podrían haber estado al servicio del ciudadano en vez de al servicio de esos poderes; medios informativos, puestos en judicatura, poder de la Iglesia, universidades, etc.

Procedemos de una Dictadura sangrienta que duró más de cuarenta años y que aún tiene muertos en las cunetas. Arrastramos todos sus vicios: clientelismo, servilismo, sumisión, no significarse, arrodillarse delante del Poder.

Y los políticos que tenemos son el resultado de eso. Todos ellos. Por mucho que nos quieran transmitir ,unos sentido común, y otros ideales, ninguno de ellos es capaz de razonar, pensar sin anteojeras, proyectar una visión de país de aquí a veinte años. Y muchísimo menos de ponerse a hablar con quien piensa distinto a su propia visión.

Por eso llevo pensando días en aquella gente de la tercera España. La gente que supo que mientras la confrontación, el frentismo, la humillación del adversario fuera lo que estuviera presente en España, ellos serían unos exiliados estuvieran aquí o muy lejos.

 

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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2 respuestas a La tercera España.

  1. Sí, hoy también se irían -aunque no cambiaran el domicilio-, como muchos nos hubiéramos ido entonces.

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  2. Una meditación en alto que muchos suscribiríamos sin duda. Así es nuestro país y sus políticos. Así ha sido durante decádas de falsa democracia, y como bien dices, el peor ejemplo está en esa educación caótica que está coviertiendo a nuestra sociedad en sumisos rebaños conformistas. Y nada cambiará si no lo hacemos desde dentro. El exilio cada vez es mayor, y no sólo de los jóvenes que tienen que hacerlo obligados… también los que nos quedamos, hace tiempo, que nos exiliamos…

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