Gudbergur Bergsson: Ácido en la piel. ” Las maestras paralíticas”

Compré este libro en la Feria del Libro del año pasado sabiendo que su edición es del 2008. La verdad es que me chocó el título y me intrigó leer en la solapa algo del autor; islandés, traductor a este idioma del Quijote, conocedor de escritores españoles de los años cincuenta…y sin embargo me parecía muy poco conocido por el público común.

De nombre impronunciable para mí, Gudbergur Bergsson, publicó en Tusquets, Las maestras paralíticas.

Echándole una mirada a la contrasolapa hay un resumen superficial de la historia; un pobre muchacho universitario y con una tesis sobre Croce no encuentra al volver a su país, Islandia, trabajo salvo en cuidar de dos hermanas gemelas paralizadas de cintura para abajo, a las que a través de su narración, a la manera de las mil y una noches, consigue curar y casarse sucesivamente con las dos.

Una, delante de un resumen así siente ganas de salir huyendo, previendo dramón, tragedia, vaya usted a saber. Pero…pero empecé allí mismo a leer algunas líneas y me intrigó.

Es cierto el resumen pero no es esa la novela.

Es decir…

Este escritor es un corrosivo narrador de todas las lacras bienpensantes tanto referidas a su país, como a los tópicos sociales y a los tópicos narrativos.

Lo que hace Bergsson es poner en solfa la narración en sí misma, disparatándola, ridiculizando los géneros, mofándose de las costumbres culturales, de los clichés, de las formas tradicionales de contar y de pensar y usando la parálisis como metáfora : por eso hay curación en la novela; porque , parece decirnos, la curación de vivir en un mundo paralizado es ser capaz de contárnoslo de otra manera, de inventarlo, de transgredir lo habitual y cotidiano, de ponerlo en el disparadero hasta que se levante y ande.

Hay un continuo martilleo de zapa en contra de lo manido, de lo maniqueo- la descripción de las costumbres, en su país, en Italia, la forma de considerar la familia, las amistades, el trabajo, etc, es un repetitivo “no os lo creáis”.

Por eso la novela puede ser magnífica- para mí lo es- o  absolutamente irritante para quien busque un “argumento sólido”; en ella no hay nada sólido: porque precisamente de eso se trata; de licuar el pensamiento pétreo.

Creo que merece más suerte este libro: tengo la sensación de que no ha tenido demasiada difusión; a mí me ha recordado el teatro del absurdo de Pirandello, o las obras de Darío Fó.  Es ese humor que llega casi al surrealismo y que deja a quien lee como si saliera de un combate en el que no sabe si ha ganado a los puntos o le han dejado “KO” después de la lectura. Más bien esto último.

Léanlo. A veces hace falta que nos lancen ácido en la piel: es un reactivo.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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